Una mujer latina en el corazón del conservadurismo estadounidense
Se daba por hecho que las elecciones intermedias castigarían al partido de Donald Trump. Lo que pocos imaginaron es que el golpe más sonoro llegaría desde Texas, bastión republicano por excelencia.
Ahí, Gina Hinojosa, demócrata, de raíces mexicanas y abanderada de las causas sociales, derrotó a Greg Abbott y se convirtió en la primera latina en gobernar el estado.
Texas no tenía un gobernador demócrata desde que Ann Richards dejó el cargo en 1995.
Abbott, que la próxima semana cumple 69 años, gobernaba desde 2015 y buscaba un cuarto periodo.
Su fórmula fue la misma durante más de una década: mano dura contra la migración, blindaje de la frontera, más libertades para portar armas y menos intervención federal.
Le funcionó hasta el martes.
El gobernador no supo leer los cambios sociales y demográficos de un estado en el que cerca de 40 por ciento de la población es de origen hispano, y siguió ofreciendo más de lo mismo.
Hinojosa, en cambio, llevaba años picando piedra.
Es cierto que su padre, Gilberto Hinojosa, presidió el Partido Demócrata de Texas, y que ella es diputada estatal desde 2017.
Pero su historia empieza antes, en el Valle del Río Grande, donde creció entre las mismas carencias que enfrenta buena parte de la comunidad latina.
Ese origen explica por qué entiende que un muro es absurdo cuando la economía, los problemas y las familias son comunes a ambos lados del río.
Como Abbott, es abogada.
Pero mientras él fue fiscal general del estado durante más de una década, ella litigó en defensa de trabajadores, sindicatos y derechos civiles, y presidió la junta escolar de Austin, donde conoció de primera mano las carencias de la educación pública.
De ahí salió su oferta: más presupuesto para las escuelas públicas, rechazo a los vales para escuelas privadas, mayor acceso a la salud, respaldo a los trabajadores y alivio fiscal para la clase media.
Asumirá en enero.
Tendrá un par de meses para convertir promesas en plan de gobierno, y la enorme responsabilidad de abrir camino a más mujeres latinas en el país que recibió a sus familias y que ellas han ayudado a construir.
Aquí y allá, es tiempo de mujeres.
En otros temas de política y negocios
Para México, Texas no es un vecino más.
Comparte con nuestro país 1,254 millas de frontera y 28 puentes y cruces internacionales.
Por ahí transita la vida cotidiana: solo en 2025, el puerto de El Paso registró más de 7.7 millones de cruces de vehículos particulares y 5.3 millones de peatones, mientras que por Laredo pasaron casi 3 millones de camiones de carga, más de 8 mil al día.
Y por ahí transita, sobre todo, el dinero.
México es el principal destino de las exportaciones texanas: en 2025 compró bienes por 125 mil 200 millones de dólares, 28 por ciento de todo lo que vendió el estado.
El intercambio total entre Texas y México sumó 272 mil millones de dólares en 2023, según datos del Census Bureau compilados por la Embajada de México.
Del lado texano se venden combustibles, semiconductores, gas y equipo de cómputo, y del mexicano llegan computadoras, autopartes, vehículos y componentes eléctricos.
Ese comercio sostiene más de 466 mil empleos en Texas.
Con una gobernadora que mira hacia el sur sin miedo, la relación tiene la oportunidad de pasar de la sospecha a la sociedad.