Las tres tendencias que transformarán las economías en desarrollo

2 de Julio de 2026

Las tres tendencias que transformarán las economías en desarrollo

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Pablo Trejo Pérez

La década de 2020 ha presentado desafíos profundos a nivel global. De acuerdo con el análisis de Indermit Gill, economista en jefe y vicepresidente sénior de Economía del Desarrollo del Grupo Banco Mundial, este periodo corre el riesgo de convertirse en un lapso perdido para múltiples naciones en desarrollo. Cerca de la mitad de estas economías han experimentado dificultades para acortar la brecha de ingresos con los países más prósperos.

Sin embargo, la proximidad de la década de 2030 abre una ventana de oportunidad histórica que demanda atención y acción inmediata. Las proyecciones actuales advierten que el crecimiento mundial caerá a su ritmo más bajo en casi veinte años, situándose en un exiguo 2.5%, lo que obliga a replantear con urgencia las estrategias de financiamiento y cooperación internacional para evitar un estancamiento prolongado.

A pesar de los severos impactos económicos acumulados, existen tres motores fundamentales en el horizonte que poseen el potencial de transformar el panorama de crecimiento y generación de empleo. La clave reside en cómo las naciones emergentes logren absorber estas corrientes globales y adaptarlas a sus realidades locales, construyendo puentes regulatorios que faciliten la atracción de capitales y la estabilidad macroeconómica a largo plazo.

El primer factor es la adopción acelerada de la inteligencia artificial. Esta herramienta tecnológica promete elevar los índices de productividad mundial de forma considerable. Si se gestiona con estrategias acertadas que maximicen su alcance inclusivo, podría impulsar la etapa de mayor prosperidad global en las últimas décadas. El reto consiste en descentralizar la capacidad informática y la infraestructura digital, que actualmente se concentran en las regiones más ricas, garantizando que los nuevos modelos tecnológicos integren la diversidad lingüística y cultural del planeta. Actualmente, las economías en desarrollo albergan menos de una cuarta parte de los centros de datos globales, una brecha que debe cerrarse para evitar una nueva forma de exclusión digital.

El segundo elemento clave es la seguridad energética mediante la transición hacia fuentes limpias. Hoy en día, la inversión en energías renovables representa una parte sustancial del gasto energético mundial, superando los recursos destinados a combustibles fósiles. Esta tendencia responde a prioridades de desarrollo ambiental, y representa una estrategia de seguridad nacional para los países importadores de combustibles. La consolidación de esta matriz energética sostenible facilitará la creación de empleos y una mayor resiliencia ante contingencias externas, aunque requiere financiamiento accesible para las naciones con presupuestos públicos más comprometidos.

El tercer pilar se encuentra en el fortalecimiento del comercio regional. Mientras algunos esquemas de globalización tradicionales muestran signos de agotamiento, los acuerdos comerciales de carácter regional han aumentado de forma constante, abarcando ya la mayor parte del intercambio global. Estos instrumentos brindan certidumbre jurídica y normativa, facilitando el intercambio mediante reglas claras sobre inversiones y servicios, lo cual estrecha los vínculos entre economías emergentes. Al reducir los trámites aduaneros y homologar estándares, los mercados locales ganan escala y se vuelven más atractivos para la inversión productiva.

Para materializar este escenario favorable en los próximos años, las administraciones públicas deben resolver tareas fundamentales y urgentes. Es indispensable disminuir la deuda pública, mantener bajo control los niveles de inflación y reducir la inseguridad alimentaria. Asimismo, resulta prioritario consolidar una infraestructura moderna, elevar la capacitación laboral y estructurar un marco regulatorio que incentive la participación de la inversión privada. Los gobiernos no pueden actuar de manera aislada; se necesita un entorno de certidumbre que motive a las empresas a comprometer capital en proyectos de largo alcance.

El panorama exige una profunda reforma institucional interna. Los excesivos trámites aduaneros y la falta de crédito para las pequeñas y medianas empresas constituyen obstáculos severos que limitan el aprovechamiento de los tratados regionales. La transición hacia la sostenibilidad y las nuevas tecnologías requiere que los sistemas educativos se actualicen, asegurando que las próximas generaciones cuenten con las habilidades necesarias para los empleos del futuro.

Las fuerzas de la innovación tecnológica, la transición energética y la integración regional son herramientas poderosas. Aprovechar su potencial requiere una planeación meticulosa y un compromiso firme que debe iniciar desde este momento. La historia demuestra que las crisis también pueden ser la antesala de periodos de gran renovación, siempre y cuando exista la visión política para coordinar esfuerzos y orientar los recursos hacia el desarrollo humano y la equidad social.

*Diputado local por el Distrito 15 de Iztacalco
X: @PabloTrejoizt