Las ventajas y tareas económicas pendientes para México en la región

5 de Agosto de 2026

Las ventajas y tareas económicas pendientes para México en la región

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Pablo Trejo Pérez

El informe del Banco Mundial de junio de 2026 sobre las Perspectivas económicas mundiales dibuja un panorama complejo para América Latina y el Caribe. El conflicto en Oriente Medio y la volatilidad energética han impuesto políticas monetarias restrictivas a nivel global. En este entorno, la región experimentará una desaceleración con un crecimiento estimado del 2.2% para este año, proyectando una recuperación gradual hacia el 2.5% en el periodo 2027-2028.

Frente a este escenario, resulta indispensable contrastar la situación de México con la de las principales economías latinoamericanas para dimensionar la magnitud de nuestros retos y oportunidades. La actividad económica en México se contrajo a inicios de año debido al debilitamiento de la demanda externa y la incertidumbre por las políticas comerciales. Con una inflación básica que se mantiene elevada, las proyecciones anticipan un modesto repunte del 1.3% para este año, con miras a fortalecerse hacia un 1.8% promedio en 2027-2028 a medida que la inversión se recupere.

Al mirar al resto de la región, observamos trayectorias de crecimiento y control inflacionario muy diversas. Sudamérica, por ejemplo, mostró un fortalecimiento al inicio del año por un efecto de arrastre de 2025. Argentina se mantiene con un crecimiento sólido y estable proyectado en 3.6% para el periodo 2026-2028. Este impulso proviene de sus exportaciones, aunque su avance se encuentra limitado por políticas monetarias y fiscales internas que continúan siendo restrictivas tras sus medidas de estabilización previa.

En contraste, Brasil vive una realidad distinta. Su crecimiento se desacelerará al 1.9% este año por un menor dinamismo en el consumo privado y el estancamiento de la desinflación por nuevas presiones energéticas, previendo recuperarse al 2.1% en 2027-2028 conforme la baja de precios permita flexibilizar las tasas de interés. Colombia también verá disminuir su crecimiento al 2.3% en 2026; a pesar de que los altos precios del petróleo respaldaron sus ingresos, las presiones inflacionarias acumuladas retrasarán el alivio de su política monetaria.

Por otro lado, países como Chile y Perú han logrado mantener su inflación básica cerca de las metas a pesar de las crisis en los energéticos, lo que les permite continuar con la flexibilización de sus tasas operativas. Además, ambas naciones se verán beneficiadas por los elevados precios internacionales de los metales, fortaleciendo sus ingresos fiscales y de exportación. Hacia el norte, Centroamérica y el Caribe –en su mayoría importadores netos de energía– enfrentan altos costos de importación y presiones en sus precios, aunque mitigan el impacto gracias a remesas resilientes y al turismo.

La gran ventaja comparativa de México en esta coyuntura radica en su resiliencia energética. Al poseer una posición comercial de energía ampliamente equilibrada y contar con esfuerzos fiscales para contener impactos, su exposición a las crisis de precios internacionales es limitada. Mientras que las perspectivas de otros países dependen directamente del vaivén de las materias primas, el destino económico de México está determinado por la evolución de su demanda interna y las condiciones comerciales con Estados Unidos, específicamente bajo la revisión del T-MEC.

Ante estas transformaciones geoeconómicas, México no puede depender únicamente de la inercia de su integración norteamericana. Si bien la revisión del T-MEC es nuestra prioridad estratégica, el fortalecimiento de las cadenas productivas internas y el fomento a la inversión en infraestructura son tareas urgentes para consolidar el repunte proyectado por el Banco Mundial.

Encontrar un equilibrio entre la disciplina fiscal, la estabilidad de precios y el estímulo a la inversión privada será la clave para que nuestro país no solo supere las expectativas de crecimiento, sino que se posicione como un líder de estabilidad y desarrollo en una América Latina en plena reconfiguración.

Más allá de las diferencias en las cifras de crecimiento, toda la región comparte desafíos estructurales urgentes. El mercado laboral latinoamericano arrastra una débil creación de empleo formal, alta informalidad y un modesto crecimiento de los ingresos que frena la productividad. Con altos niveles de deuda pública y pesadas cargas de intereses que restringen los presupuestos estatales, el verdadero reto para México y sus vecinos va más allá de registrar un mayor porcentaje de crecimiento; radica en contar con la capacidad institucional para traducir ese dinamismo en mejores empleos y un bienestar sostenible para la población.

*Diputado local por el Distrito 15 de Iztacalco

X: @PabloTrejoizt