Layda, la emperatriz campechana

5 de Febrero de 2026

Alejandro Envila Fisher
Alejandro Envila Fisher
Director editorial de ejecentral, periodista, abogado y profesor en la UNAM. Ha dirigido la revista CAMBIO, Radio Capital, The News, Estadio, Rumbo de México y Capital, además de fundar el canal Greentv. Comentarista en medios, columnista político y autor de los libros Cien nombres de la Transición Mexicana, Chimalhuacán, el Imperio de La Loba, Chimalhuacán, Ciudad Perdida a Municipio Modelo y Huitzilan de Serdán, la derrota de los caciques.

Layda, la emperatriz campechana

Alejandro Envila

Layda Sansores Sanroman, gobernadora de Campeche, se ha convertido en el modelo de lo que los gobernadores no deben ser, ni hacer, en los tiempos de la transformación. La hija del viejo priista Carlos Sansores, es justo lo que la 4T prometió combatir, pues personifica todos los vicios, excesos y desaciertos que se le han atribuido, en una generalización poco justa, al Movimiento de Regeneración Nacional. En su propio terreno, el de los gobernadores, Sansores es el equivalente a Gerardo Fernández Noroña, en el de los senadores.

Ha usado los espacios públicos y los recursos públicos, no sólo para promoverse personalmente, también y sobre todo, para denostar lo mismo a adversarios políticos, que a líderes de opinión e independientes que se atreven a criticarla. El caso más conocido es el de Alejandro Moreno Cárdenas, político de pocos simpatizantes a quien la gobernadora ha atacado y ordenado atacar sin dar cuartel, pero a quien por alguna extraña razón, en siete años no le ha podido probar las acusaciones de corrupción que ha lanzado en su contra, por lo que a pesar de la mala fama pública que tenga, el priista Alejandro Moreno ha sido puesto por su paisana, la mandataria campechana, en la condición de difamado desde el poder. Si alguien quería volver víctima a Alito, a fuerza de excesos y declaraciones que nunca aterrizaron en una acción penal consistente, Layda lo consiguió a pesar de que muy pocos consideran inocente al dirigente priista.

Después siguió con la prensa. Emprendió, por medio de una denuncia, un juicio contra el periodista Jorge González Valdés, que sólo muestra su nulo respeto por la libertad de expresión y por la división de poderes, por los derechos humanos, por la libertad de trabajo en particular, así como su intolerancia a la crítica. Consiguió que una jueza de control controlada por ella, Ana Maribel de Atocha Huitz May, pues sus resoluciones no tienen más sustento jurídico que su cargo, prohibiera al periodista, opinar, escribir y hablar sobre la gobernadora, es decir, ejercer su oficio.

A su guerra contra la prensa siguió algo todavía más ruin: la defenestración de un respetable académico de izquierda, José Alberto Abud, de más de 70 años, un anciano sabio que fungía como rector de la Universidad Autónoma de Campeche y estaba a punto de ser reelecto para un segundo período en el cargo. Una patrulla lo detuvo de forma “conveniente” a plena luz del día, por una supuesta infracción de tránsito y, sin orden de cateo, inició una revisión ilegal de su auto en la que “encontró” de forma aún más conveniente, cinco gramos de cocaína. Abud fue detenido por posesión mientras se encerraba al Consejo Universitario y se le forzaba a que, en una sesión ilegal, lo destituyeran y nombraran como nueva rectora a Fany Guillermo Maldonado, una incondicional de la gobernadora.

Para rematar, instalada en el que parece creer que es el trono heredado de su padre, Layda Sansores trató de imponer al estado una deuda por mil millones de pesos sin ningún estudio ni discusión seria, más allá que la de su propia voluntad. Qué tan grave sería el hecho de que Sansores se topó con Morena en el Congreso. Diez de 16 diputados morenistas decidieron hacerle frente y rechazaron avalar ese endeudamiento. La gobernadora no se cruzó de brazos, igual que a Alito Moreno, igual que a González Valdés, igual que al rector Abud, trató de intimidar, con amenazas creíbles de cárcel al diputado Antonio Jiménez Gutiérrez, presidente de la Junta de Coordinación Política y líder de Morena en el congreso local. No lo consiguió, pero sus maniobras quedaron registradas porque fueron públicas, recibió respuesta de los diputados que no avalaron su exceso, desencadenó una crisis política y al final, Morena se rompió en Campeche.

El ambiente político en el estado está tan descompuesto que la presidenta Claudia Sheinbaum envió un mensaje nada crítico al recomendar a los campechanos, desde la conferencia matutina, serenidad y paciencia, sin mención expresa, ni mucho menos espaldarazo a la gobernadora. En el México del liderazgo unipersonal, eso significa algo.

En la liga de los gobernadores, Layda Sansores se ha convertido, como Gerardo Fernández Noroña y Adán Augusto López, en su momento cada uno, en un lastre que le hace daño cada día más, al proyecto de Morena y, en consecuencia, al gobierno de Claudia Sheinbaum. Lejos de ser una trasnformadora, el poder la ha revelado como en realidad siempre fue: la hija de un cacique priista, con sangre de cacique, actitudes de cacique y, por supuesto, la misma vocación antidemocrática y autoritaria que distingue a los caciques.