Los lastres de la transformación

6 de Agosto de 2026

Los lastres de la transformación

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Emilio Antonio Calderón

La autoproclamada Cuarta Transformación ha construido su imperio retórico sobre un aire de superioridad moral basado en su enfoque humanista. Desde la tribuna presidencial hasta los comités locales, el oficialismo insiste en presentarse como el único custodio de los derechos humanos, incluso al grado de señalar a la oposición de carecer de empatía y calidad humana. Y, si bien, sus detractores les han hecho el trabajo sencillo para denotar una preocupante falta de calidad humana en múltiples ocasiones, el discurso de la dignidad se derrumba ante personajes que encarnan la frivolidad más cruda.

El caso de las legisladoras poblanas Nayeli Salvatori Bojalil y Graciela Palomares Ramírez, es la prueba fehaciente de esta grieta. Un video grabado por ambas y difundido en redes sociales las exhibió mofándose de las personas de la tercera edad. En lugar de legislar, las diputadas optaron por la sátira ramplona: risas y comentarios despectivos sobre la agilidad mental, la movilidad y la dependencia económica de los adultos mayores. Lo que intentaron vender como “humor negro” para ganar reproducciones fue una muestra explícita de gerontofobia desde la comodidad del poder.

El pragmatismo como salvoconducto

La permanencia y cobijo de estos perfiles en las filas de Morena demuestra que el pragmatismo electoral pesa más que los principios proclamados. Nay Salvatori, con un historial que abarca la simulación de balaceras en el Congreso para TikTok y comentarios clasistas en la radio, llegó al Poder Legislativo gracias a la simulación partidista. Por su parte, Grace Palomares representa el transfuguismo más cínico: un recorrido que va del PRI a Nueva Alianza, pasa por Movimiento Ciudadano y desembarca plácidamente en la bancada oficialista.

Es preocupante que para Morena, el origen o la ética de sus cuadros importa poco mientras aseguren votos. La contradicción raya en el cinismo al revisar el entorno familiar. Mientras Nay Salvatori ridiculiza a los adultos mayores en internet, su hermana, Hilda Salvatori, percibe un sueldo mensual de 83 mil pesos en el ISSSTEP dentro del gobierno estatal de Alejandro Armenta. Es decir, la familia lucra directamente con la estructura de salud encargada de atender a la misma población vulnerable que la legisladora denigra frente a la cámara.

La falacia de la superioridad moral

Este comportamiento ignora la realidad demográfica de un país donde, de acuerdo con el INEGI, viven más de 18 millones de personas de 60 años y más, de las cuales el 40% padece condiciones de pobreza o vulnerabilidad. Además, la Encuesta Nacional sobre Discriminación señala que más del 26% de los adultos mayores ha sufrido rechazo por su edad. La burla de las diputadas es un reflejo del desprecio hacia un sector castigado por la exclusión. Y, si Morena busca practicar lo que predica, no puede mantener a este tipo de personajes en sus filas.

La búsqueda de popularidad digital ha sustituido el trabajo legislativo por el espectáculo superficial. Burlarse de los ancianos que sostienen la estructura familiar del país demuestra ignorancia y falta de escrúpulos. Y sí, el movimiento oficialista ya se desmarcó de Salvatori y Palomares, pero no basta con un rechazo institucional. Esperamos, al menos, una condena tan firme como cuando se trata de la oposición. La 4T debe tener presente que la verdadera transformación no se mide en discursos, sino en la clase de funcionarios que se decide promover y proteger.