La migración tiende a ser un incentivo emotivo para detonar percepciones. Las naciones occidentales cultivan el mito de una invasión, casi planeada estructuralmente, por las poblaciones de países pobres. Pero los datos demuestran otra realidad: la mayor parte de la migración africana se produce dentro de África. En 2024, 25 millones de migrantes africanos vivían en otros países africanos, en comparación con los 20 millones que están fuera del continente.
Esto desafía las percepciones generalistas sobre migrantes africanos que intentan llegar a Europa, en condiciones trágicas. Incluso, los estudios muestran que lamentablemente existe una ruta migratoria por el Medio Oriente tan activa como las barcazas del mediterráneo. Pero, de hecho, 64% de todos los migrantes subsaharianos viven en otro país de su región. El Banco Mundial informó en 2023 que el 80% de los migrantes africanos no tiene interés alguno en abandonar el continente.
Sudáfrica, Costa de Marfil y Nigeria se encuentran entre los destinos como centros económicos. En Costa de Marfil se habla de barrios importantes (más de 100 mil nacionales de sus países vecinos) con población de Burkina Faso, Mauritania y Nigeria (país emisor y receptor de migrantes). Pocos imaginarían que Malí, como destino, también recibió, entre 2010 y 2015, 108 mil migrantes desde Costa de Marfil.
La ecuación se complica con Ghana atrayendo migración constante de Malí, Togo y Costa de Marfil. Y Nigeria recibió más de 42 mil migrantes marfileños en los últimos cinco años. Para entender esta migración tan frecuentemente bidireccional, debe señalarse que una cuarta parte de los eventos migratorios consisten en retornos al país de nacimiento. Los migrantes africanos mantienen con frecuencia conexiones transfronterizas, moviéndose de un lado a otro según patrones económicos estacionales, graves dinámicas de conflicto o circunstancias personales.
Basta solo detenerse un momento en el llamado “pequeño Mogadiscio”, barrio de Addis Abeba, a escuchar somalí, y luego recordar la presencia de etíopes en la capital de Somalia (bastantes más que en el propio EUA). Son poco menos de 50 mil que han motivado programas de apoyo a su diáspora, incluso seguidores de lo que hace la Cancillería mexicana a través del Instituto de las Mexicanas y Mexicanos en el Exterior (IMME).
Las investigaciones demuestran que la migración Sur-Sur constituye un sorprendente 40% de los flujos migratorios internacionales a nivel mundial, y estos países reciben tres cuartas partes del total de refugiados del mundo. En ese contexto, la seguridad alimentaria y los conflictos siguen fincados como factor clave de la movilidad humana.
Los cambios climáticos impulsan cada vez más la migración interna africana. Según el informe “Groundswell; preparándose para la migración climática interna” del Banco Mundial, sin una acción climática urgente, África podría presenciar el desplazamiento de decenas de millones de personas dentro de sus fronteras para 2050.
Más allá de África, este patrón dominante de migración interna entre países del sur se replica. Fuera de lo que ocurre desde Panamá hacia EUA, la migración interna en América Latina se ha transformado a la par de los patrones de migración internacional con crecientes movimientos intrarregionales entre países latinoamericanos. El comportamiento de la migración en Asia también muestra movimientos regionales, en lugar de cruces entre continentes. Esto sugiere un principio universal obvio, pero no difundido: la mayoría de los migrantes se desplaza dentro de sus áreas geográficas inmediatas, en lugar de cruzar océanos hacia países ricos.
Comprender este fenómeno ha sido esencial para los responsables políticos, investigadores y observadores de las dinámicas del mercado laboral y el futuro demográfico. La prevalencia de la migración interna africana demuestra que las soluciones a los desafíos relacionados con la migración deben priorizar la cooperación, la integración económica intra-continental y el apoyo a la movilidad interna como motores de prosperidad.
Existe un Protocolo de la CEDEAO sobre la libre circulación de personas que ha facilitado estos flujos y su mejor asimilación; aunque, como siempre, persisten dificultades para su implementación. Más aún, el gran llamado que tiene África en la actualidad es preparar su proceso de liberalización comercial, ese que tanto anima a los especialistas del desarrollo, el AfCFTA, para que contemple y tome como ventaja histórica de los movimientos tan relevantes de población entre las propias naciones africanas.