A veces, tratar de explicar un nuevo fenómeno como la “machósfera” (o manosfera) de la manera más simple, a través de campañas como la que presentó ONU Mujeres el año pasado, con las cuales se intenta concientizar al mayor número de personas de la manera más inmediata posible, puede ser contraproducente.
Algo tan complejo y tan peligroso como la manosfera (empecemos por decir que “machósfera” suena risible), ese conjunto de espacios en internet que promueven la misoginia y el machismo, no debería ser reducido únicamente a una amenaza para las mujeres, porque esa es la forma más rápida de antagonizar a los hombres con una campaña que pretende sensibilizarlos, precisamente a ellos.
La manosfera también es una amenaza para los hombres. Partiendo de la idea (si ustedes gustan, ingenua) de que ninguna persona nace siendo mala, me atrevería a decir que los hombres son los primeros afectados por este fenómeno, pues los influye y los transforma en la peor versión de sí mismos.
Por otro lado, la manosfera ya está en todo. Ceñirse a la definición de que solo ocurre en línea, a través de redes sociales y en foros de internet, da la falsa esperanza de que todavía estamos a tiempo de desconectarnos o de “apagarla”. La manosfera solamente es una manifestación de la misoginia que ya existe afuera y es un refugio para las peores fantasías machistas, pero todos sabemos que no es el origen.
La manosfera también está en programas de televisión como La casa de los famosos, en el box de influencers de eventos como Ring Royale y Supernova, y en personalidades que promueven los propios medios de comunicación en México, como Adrián Marcelo y El Temach. Pero no solamente en los más obvios, también se manifiesta en celebridades como Christian Nodal y Peso Pluma, políticos como Javier Milei, Nayib Bukele y Donald Trump, deportistas como el Chicharito y su life coach Diego Dreyfus, y hasta en empresarios como Ricardo Salinas.
Hoy, en las redes sociales se dice que ya casi no se habla de la Generación Z, como si la “moda” hubiera pasado, pero se equivocan. Más que nunca, las y los centennials son los más afectados por fenómenos como la manosfera y el gooning, una práctica ligada a la pornografía que generó una comunidad en línea de hombres adictos a la masturbación y donde -dicen-, ya hubo víctimas. Nautica Malone fue aquel hombre que se suicidó tras viralizarse un video en el que mostraba sus genitales a una trabajadora en un autoservicio.
Estas son el tipo de conductas que un documental de Netflix como Louis Theroux: Dentro de la Machósfera (2026) trata de explicar. Ahí, el reconocido documentalista británico muestra a varios influencers, mayormente hombres, que generan contenido de fitness, negocios y desarrollo personal, pero con puntos de vista extremos. Tras el éxito de la serie Adolescencia (2025), que también mostró la influencia de la manosfera en la Generación Z, parece que la plataforma de streaming ya encontró su nueva mina de oro.
Quizá fuimos muy ingenuos al creer que este fenómeno desaparecería más rápido, pero la manosfera es otra secuela del aislamiento que nos dejó aquella pandemia de la que tampoco hemos parado de hablar. Películas como Friendship (2024) y series como DTF St. Louis (2026) suceden dentro de ese mismo universo de soledades acompañadas y masculinidades tóxicas, donde los hombres somos víctimas de nosotros mismos.