Maquillaje para el mundo, deuda para los ciudadanos

26 de Mayo de 2026

Maquillaje para el mundo, deuda para los ciudadanos

Pablo Reinah columnista

A semanas del inicio del Mundial 2026, la Ciudad de México se ha transformado en un gran escenario en construcción. Grúas operan sin descanso, cuadrillas pintan y remodelan a toda prisa, y se destinan miles de millones para que el AICM, avenidas de paso y accesos al estadio se vean maquillados para millones de visitantes.

Pero, mientras se renueva la vitrina, la estructura profunda de la ciudad sigue deteriorada.
En el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México se invierten entre 8 mil y 9 mil 200 millones de pesos en la modernización de las terminales 1 y 2. Las obras incluyen nuevos estacionamientos, ampliación de salas, filtros migratorios, pisos, fachadas y mantenimiento de pistas. Miles de trabajadores laboran contrarreloj: el avance reportado a inicios de 2026 era de alrededor del 40%, con una meta de entre 70% y 80% para junio. Aun así, los pasajeros siguen enfrentando obras activas, estacionamientos cerrados, el Aerotren fuera de servicio y acabados apresurados tras años de mantenimiento insuficiente.

Esta misma dinámica se repite en otras sedes. Entre el gobierno federal, estatal y la iniciativa privada, las inversiones en infraestructura para CDMX, Guadalajara y Monterrey superan los 8 mil millones de dólares en conjunto, con énfasis en movilidad, embellecimiento urbano y accesos. En CDMX se han destinado más de 6 mil millones de pesos adicionales a proyectos visibles.

Sin embargo, los males estructurales persisten sin una solución profunda:
Agua: Cientos de colonias —alrededor de 284 en 2025— reciben agua por tandeo o enfrentan cortes frecuentes. Alcaldías como Iztapalapa, Tlalpan, Iztacalco y Venustiano Carranza son las más afectadas. La red obsoleta genera fugas masivas y socavones, mientras la ciudad se hunde hasta 30 centímetros al año en algunas zonas.

Metro: Sistema saturado, con trenes antiguos, fallas eléctricas recurrentes, ventilación deficiente e interrupciones constantes. Varias estaciones han permanecido cerradas por meses o años debido al mantenimiento, afectando la movilidad diaria de millones de usuarios.

Tráfico y movilidad: La congestión alcanza niveles críticos; los conductores pierden decenas de horas al año atrapados en el tráfico. Las obras para el Mundial generan más cierres viales, polvo y ruido, sin resolver el problema de fondo. Barrios enteros carecen de drenaje y pavimentación adecuados. La inseguridad sigue siendo un riesgo real para locales y turistas. Baches, inundaciones e infraestructura deteriorada contrastan con las fachadas recién pintadas en corredores turísticos.

Los megaeventos suelen priorizar el espectáculo. Se promete un “legado”, pero la historia muestra elefantes blancos costosos de mantener. En un país con necesidades urgentes en salud, educación y reducción de desigualdad, cada peso invertido en arreglos cosméticos es un peso que no atiende las fallas estructurales que afectan la vida diaria de millones.
La gente no necesita un aeropuerto o unas avenidas vistosas solo por tres semanas. Necesita servicios que funcionen todo el año: agua constante, transporte confiable, movilidad eficiente, calles seguras y drenaje que no colapse con la lluvia. El Mundial ofrece una oportunidad real de turismo e imagen internacional, pero solo si la preparación va más allá de la superficie.

Al final, el verdadero saldo no lo marcarán los goles ni los selfies frente a fachadas relucientes. Lo marcará lo que quede cuando se apaguen las luces: una ciudad con los mismos problemas de siempre, solo que con una capa de pintura que, como las anteriores, pronto empezará a descascararse.

México merece que estos esfuerzos sean el comienzo de una transformación real, no el disfraz temporal de una deuda estructural que seguimos postergando. La pelota está en juego. Después del pitazo final, ¿qué obra se hará?