Mexicanos al grito de Gol

25 de Junio de 2026

Mexicanos al grito de Gol

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Juan Pablo Gómez Zarazúa

Las fiestas masivas en el Ángel, un pato en la mañanera y videos virales en redes de mexicanos celebrando con suecos y coreanos son algunos de los ejemplos de cómo el Mundial ha vuelto loco al país.

Muchas críticas desde medios de comunicación han citado al sportswashing o blanqueamiento deportivo como aquel fenómeno que desvía nuestra atención de las adversidades y la dirige hacia el evento. El primer resultado en Google define al blanqueamiento deportivo como una “estrategia utilizada por gobiernos, estados o corporaciones para limpiar su reputación y desviar la atención de problemáticas graves“. Esta definición da a entender que esta es una práctica de manipulación intencional de las élites, en donde las personas aficionadas somos pasivas y víctimas, pero la realidad es mucho más compleja.

Cuando un colectivo de la CNTE daña esculturas y estructuras en Paseo de la Reforma, las críticas hacia “las formas” se hacen notar de inmediato, pero cuando los daños son causados por las masas eufóricas que celebran un triunfo de la Selección, las redes sociales y los medios difunden los videos de la celebración con orgullo y un mensaje de unidad nacional conmovedor.

Esto no es blanqueamiento deportivo nada más, es un mecanismo en el que participan las masas sin el mandato de las élites. Este fenómeno es una causa de unidad ante un mundo en el que las diferencias entre individuos son cada vez más notorias.

Las sociedades contemporáneas lidian con el reto cada vez más complejo de mantener discursos de unidad entre individuos y naciones. Henri Tajfel y John Turner plantean la idea de que el ser humano tiene la necesidad de pertenecer a un grupo para formar su identidad. Carl Schmitt sostiene que para que un grupo tenga sentido debe ser distinguible quiénes pertenecen a ese grupo y quiénes no. Las democracias contemporáneas han vuelto complicada la creación de identidades en la política, ya que hay normas no escritas que nos dicen en qué puntos podemos ser diferentes y en qué puntos tenemos que ser iguales o negar que haya diferencias.

En México tenemos una sociedad con diferencias abismales de todo tipo. Desde condiciones geográficas hasta lenguas, religiones, etnias, niveles socioeconómicos, etc. Cuando pensamos en qué es ser mexicano o mexicana, solemos ir a lugares comunes: nos gusta la fiesta, tenemos un pasado cultural prehispánico, somos gente cálida, creativa y trabajadora… todas son cualidades que los colombianos, brasileños, guatemaltecos y peruanos suelen enlistar también al definir su cultura nacional. Esto sucede porque si nos centramos en todas las diferencias que tenemos entre mexicanos, entonces el sentido nacional se pierde. La forma de marchar de la CNTE choca tanto porque nos recuerda las diferencias que vivimos todos los días y nos distrae del evento que nos hace sentir únicos y unidos.

La Selección Mexicana es el instrumento más nuevo que define nuestra nacionalidad. La sensación de ir siempre sin esperanzas de ganar y emocionarnos cuando el equipo sale victorioso garantiza que todos los triunfos mínimos se celebren con euforia total. La fiesta en torno a una selección que sabemos que nunca saldrá campeona del Mundial es tan fuerte que asegura la unidad de la nación. El equipo tricolor es tan poderoso que justifica que haya destrozos en Reforma, porque es de los pocos recursos que aún nos mantienen unidos. Las élites no tienen que pedirnos que celebremos ni manipularnos a través del blanqueamiento deportivo; nuestra atención irá al Mundial porque anhelamos seguir sintiendo que pertenecemos a México.