México acelera, la pasión rebasa

28 de Octubre de 2026

México acelera, la pasión rebasa

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Yazmin Jalil

Hay quienes llegan al autódromo adorando el sonido de los motores, sabiendo de neumáticos, estrategias y escuderías. Otros apenas distinguen un Ferrari por el color. Unos quieren ver ganar a su piloto; otros quieren estar donde todo sucede. Salir en la foto.

Lo que es indiscutible es que no hay pasión como la mexicana. Nadie sabe celebrar de la manera que lo hacemos en este país. La fiesta que trae la F1 con catrinas, mariachi, porras… es inigualable. Después de varias coberturas, he visto disfrutar a niños, abuelos, mexicanos y extranjeros. No necesitas ser experto para pasarla bien.

Otra cosa es poder entrar. Para 2026, el boleto más barato anunciado fue de 3,900 pesos, antes de cargos. Una grada frente a la recta principal costaba 30,500. En las experiencias de hospitalidad, la cuenta alcanza cientos de miles de pesos. Los paquetes más exclusivos del Paddock Club pueden acercarse a los 300,000 pesos. Por supuesto, los más aficionados, o quienes van a hacer relaciones de trabajo, dicen que vale cada centavo.

No se compra solamente una vista: también gastronomía, servicio y exclusividad. Lorena Pérez, quien dirige la suite de Luxus Life, le llama “vivir la experiencia”. Y sí que se vive, con todo el lujo, la comodidad y la adrenalina de las carreras.

En el otro extremo están los aficionados que buscan un pedacito de pista desde un puente peatonal de Río Churubusco. La Jornada documentó esa escena en 2025. Sin champaña ni comodidades, también encuentran cómo vivir la carrera. Escuchar los motores ya forma parte de la experiencia.

Afuera hay otra economía. En esa misma cobertura se documentaron peluches de Checo por 300 pesos y camisas no oficiales de Cadillac por 1,200, alrededor de la colonia Ignacio Zaragoza. Para quienes venden, el espectáculo es además una oportunidad de trabajo.

Por eso me interesan esas historias. El aficionado que ahorró durante meses. El comerciante que espera vender más. El trabajador que recoge lo que otros dejan. Todos forman parte del evento, aunque pocos aparezcan en la transmisión.

Las cifras ayudan a dimensionarlo. En 2025 se registraron 40 mil 326 asistencias acumuladas durante los tres días, según los organizadores. No eran necesariamente personas distintas: alguien que acudió todo el fin de semana puede contarse cada jornada. Solo el domingo hubo 153 mil 867 espectadores.

Para 2026, Canaco Ciudad de México estima una derrama de 22 mil 228 millones de pesos y una ocupación hotelera de entre 85 y 95 por ciento. Es una proyección que explica por qué la carrera importa también a hoteles, restaurantes, transportistas y comercios. Los motores se apagan; muchas cuentas siguen moviéndose.

Y México tiene historia para presumir. En 1990, Nigel Mansell rebasó por fuera a Gerhard Berger en la temible Peraltada. Una maniobra que todavía se recuerda: unos segundos de carrera pueden dar para décadas de conversación.

En 2016, el tercer lugar fue un enredo: Verstappen cruzó tercero, una sanción entregó esa posición a Vettel y otra terminó dándosela a Ricciardo. Aquí hasta el podio ha tenido más vueltas que la pista.

Con Checo llegó una emoción distinta. En 2021 se convirtió en el primer mexicano en subir al podio de su carrera en casa. Fue tercero, pero el festejo tuvo tamaño de victoria.

Su historia tiene otro capítulo increíble: en Sakhir, en 2020, un incidente y una parada en pits lo dejaron último tras la primera vuelta. Terminó ganando. Era su primera victoria en Fórmula 1 y llegó en su carrera número 190. No ganó saliendo último en la parrilla: remontó después del golpe. Por eso emociona tanto: sabe lo que significa volver desde atrás. Historias así construyen una afición que sigue creyendo, incluso cuando todo parece perdido.

No diría que la Fórmula 1 le interesa a todo México. Sí que puede disfrutarse de muchas maneras. Hay quien colecciona autógrafos y quien colecciona contactos; quien brinda desde una terraza y quien busca una rendija desde un puente.

Al final, unos regresan con una foto, otros con un negocio cerrado y otros con la garganta deshecha de tanto gritar. Afuera, el comerciante cuenta lo vendido. Cada quien hace su balance del fin de semana. Yo, como reportera, me llevo la certeza de que las mejores historias no siempre llegan primero a la meta.