México en los Olímpicos: el país que compite desde lo improbable

17 de Febrero de 2026

Yazmín Jalil
Yazmín Jalil
Periodista de noticias y escritora. Autora de Como anillo al dedo y La increíble familia Mishita. Conductora en Telemundo /NBC

México en los Olímpicos: el país que compite desde lo improbable

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Yazmin Jalil

Hay un momento en cada edición de los Juegos Olímpicos que no se mide en segundos ni en puntos. Es cuando la delegación mexicana entra al estadio. Ahí no caminan solo atletas. Caminan renuncias. Caminan reinvenciones. Caminan decisiones que no siempre tenían garantía de éxito.

México no llega desde la perfección. Llega desde la determinación. Desde quienes empezaron tarde. Desde quienes pausaron para volver. Desde quienes eligieron el camino posible… no el ideal.

Conversar con Regina Martínez, Allan Corona y Sarah Schleper es entender que el olimpismo mexicano también se construye desde lo improbable. Y eso volvió a sentirse en Milano-Cortina 2026.

Comencemos por Regina, una mujer que me recibió con una sonrisa mágica. Alegre, determinada, admirable. No soñaba con nieve. Soñaba con salvar vidas. Hoy es doctora de urgencias en el Jackson Memorial Hospital de Miami, pero fue en Minnesota —mientras estudiaba medicina—, donde conoció el esquí de fondo. “Yo jugaba fútbol hasta la universidad… pero lo dejé para enfocarme en la carrera. Y ahí, en el frío, lejos de mi familia, incluso atravesando depresión estacional… conocí el esquí.” Comenzó a los 26 años. Entrenaba con esquís para asfalto en arena, mientras hacía guardias médicas de hasta 80 horas semanales. “No tenía condiciones ideales, pero tenía ganas”. En Milano-Cortina debutó en los 10 km. Terminó en el lugar 108. Y cuando cruzó la meta, no hubo derrota. Hubo historia. “Para mí ya gané”, me dijo. “Ser la primera mujer mexicana en esta disciplina… eso ya es histórico.”

Sarah vivió unos Juegos distintos. A sus 46 años disputó su séptima cita olímpica. Pero esta vez no llegó sola. Llegó con su hijo: Lasse Gaxiola. Por primera vez, madre e hijo compitieron en la misma edición olímpica de invierno. “Era mi fantasía vivir esto juntos. Me lo regaló mi hijo, y se lo regaló a México.”

Sarah compitió en slalom gigante, pero una diferencia mínima en el equipo —apenas un milímetro— la dejó fuera. No fue la despedida que soñó.Pero su historia no terminó ahí. Porque Lasse estuvo presente. Dándolo todo. Terminó su participación dentro del campo competitivo, manteniendo a México presente en la disciplina. Mientras ella salía, él comenzaba. No fue un final. Fue un relevo. “Espero que él pueda aliviar ese dolor”, dijo tras su descalificación. Más que un cierre, fue una continuidad. Y por supuesto, un orgullo para nuestro país, ver nuestra bandera en esas montañas.

Allan, por su parte, llegó al esquí desde la curiosidad. No desde la tradición. Originario de Tijuana, descubrió el deporte tras mudarse a Noruega. “Me casé con una noruega… y ahí conocí el esquí. Tenía las ganas, la curiosidad, el tiempo y la condición física.” El camino no fue sencillo. Nuevo idioma. Nuevo país. Tres hijos. Retos financieros y técnicos. “Ha habido muchos obstáculos… pero también adaptación. Estar en el lugar correcto, en el momento correcto. Aprovechar las oportunidades.” En Milano-Cortina debutó en los 10 km estilo libre. Terminó en la posición 105. Más allá del resultado, su presencia habla de algo más profundo: México no necesita nieve para formar esquiadores. Triunfadores.

El último en mantenerse en competencia fue Donovan Carrillo, prolongando la presencia nacional en la pista de patinaje artístico. Sosteniendo a México en Milano Cortina, con corazón y garra.

Más allá de los resultados: Regina terminó en el 108. Allan en el 105. Sarah fue descalificada. Lasse compitió y mantuvo la presencia familiar y nacional. Donovan extendió la participación mexicana. Y aun así, sus historias pesan más que cualquier tabla.

México compite en deportes de invierno sin nieve. Compite desde la voluntad.Desde la adaptación. Desde el silencio de entrenamientos que nadie ve. Contra todo pronóstico. Porque la disciplina también mueve montañas. Y la resiliencia abre caminos donde no los había. La delegación mexicana no solo busca medallas. Busca demostrar que el lugar de origen no define el destino.Y cada vez que entra al estadio olímpico, México no solo compite. Insiste. Inspira.

Gracias a todos ustedes, Sarah, Regina, Donovan, Allan y Lasse, por darnos la emoción de ver a México en Milano-Cortina 2026.