México: entre la fiesta y la herida

4 de Agosto de 2026

México: entre la fiesta y la herida

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Annia Quiroz

México, el país que celebra, que recibe al mundo y abre las puertas de su casa al Mundial de futbol; este país que a pesar de los precios elevados ha logrado llenar estadios, y le demuestra a otros por qué es el anfitrión por tercera ocasión de esta fiesta deportiva.

México una vez más está siendo reconocido por su cultura, su alegría y su hospitalidad; pero existe este contraste tan real, tan visible, el mismo que no debería servir para cancelar la celebración, sino para recordarnos porqué somos un país tan complejo. Un país capaz de organizar un Mundial y, al mismo tiempo, incapaz de dar respuestas a miles de familias que siguen buscando a sus hijos.

Porque en paralelo a esta celebración, México seguirá haciendo lo que ha hecho durante años: buscar a sus desaparecidos.

Es que las madres buscadoras han pasado a ser un símbolo, estas mujeres han convertido la búsqueda de sus hijos en una forma de vida. Ellas recorren terrenos, revisan fosas clandestinas, organizan brigadas, pegan fichas de búsqueda, todo, todo ante la ausencia de respuestas institucionales. Ellas decidieron por cuenta propia hacer el trabajo que nadie más hizo.

Este es el contraste; una parte del país celebra y otra parte que sigue buscando.

Y no se trata de cuestionar a quienes disfrutan del Mundial; tampoco de sugerir que la alegría colectiva es una forma de indiferencia. El fútbol nos permite reunirnos, generar conversación y ofrecer momentos de emoción en tiempos donde cada vez es más difícil coincidir en algo, emocionarnos por algo.

La tragedia que vive México con las cifras de sus desaparecidos es inquietante, indignante y sobre todo triste la manera en cómo hemos pasado a digerirlo, a vivirlo como algo normal. Hemos aprendido a incorporarla a la vida cotidiana, las noticias sobre hallazgos, búsquedas y colectivos aparecen junto a los temas del día, compiten por unos minutos de atención para después desaparecer de la conversación pública desvaneciéndose a través de la rutina.

En cambio, las madres buscadoras no tienen la posibilidad de pasar a otro tema, porque mientras el país discute sobre fútbol, ellas seguirán esperando una llamada, una pista o una respuesta. Seguirán recorriendo caminos bajo el sol, sosteniendo fotografías, exigiendo a gritos al Estado que responda, que garantice los derechos de quienes no pueden hacerse presentes para exigirlos, de esos hijos que les duelen y les dolerán quien sabe hasta cuando.

Y a pesar de esto, México puede aún mostrar otra cara, una de alegría, porque como país no renunciamos a la emoción de tener la Copa del Mundo, por el contrario, somos capaces de sostener ambas realidades al mismo tiempo.

Estoy segura que el verdadero desafío que tenemos como sociedad no es escoger entre la alegría y la indignación, sino aprender a no olvidar una mientras vivimos la otra.

Por ahora somos el país que celebra el Mundial de futbol y el que sigue buscando a sus desaparecidos. Porque mientras existan familias esperando respuestas, esta es la realidad que no debe dejar de ser contada, la que no debe ni puede esconderse aunque muchos prefieran voltear hacia otra parte.