Tras grandes transformaciones en el orbe durante el siglo XX como dos guerras mundiales, la guerra fría y la posguerra, el derrumbe de la Unión Soviética, la desintegración de Yugoslavia, la unificación de las Alemanias, y golpes de estado en varias naciones, en lo que va del siglo XXI se han registrado importantes reacomodos en la geopolítica internacional que han cimbrado al mundo. El ascenso de China como superpotencia, el surgimiento de nuevos bloques como los BRICS, la guerra contra el terrorismo, el debilitamiento del multilateralismo con la ONU en crisis, la pandemia del COVID-19, el resurgimiento del nacionalismo en los EU, el populismo en varios países, y los conflictos militares en África y Medio Oriente, sin olvidar a América Latina y el Caribe, en donde se observa un reposicionamiento de los EU como actor hegemónico buscando una reafirmar la supremacía de su poderío militar, económico y comercial frente a sus dos principales rivales: Rusia y China.
La invasión rusa a Ucrania en 2022 puso de manifiesto el juego de intereses geopolíticos de Rusia y los EU al considerarse como una carta de cambio, ya que los EU junto con Israel, su aliado incondicional en Medio Oriente, decidió iniciar ataques militares contra Irán apenas a finales de febrero. Esta situación ha generado no solo preocupación internacional por los efectos adversos que ha producido esta guerra, sino también por las acciones bélicas imparables hasta el momento de estos protagonistas sin que se hayan producido de manera contundente acciones que impidan continuar el conflicto bélico por parte de la comunidad internacional y de la propia ONU.
Mexico debe impulsar su participación efectiva en el acontecer internacional como miembro activo con voz y voto en los foros multilaterales y asumir con firmeza la defensa de sus posiciones. Los desequilibrios, la injusticia, los designios hegemónicos y las violaciones al Derecho Internacional seguirán afectando al mundo, en la medida que los países en desarrollo no hagan valer sus derechos conjuntamente a través de iniciativas multilaterales que den cohesión a sus posiciones para enfrentar los embates de las superpotencias. El Nuevo Orden Internacional que se vislumbra bajo un esquema bipolar o multipolar debe ser aquel en donde todas las naciones en desarrollo alcancen consensos, hagan contrapeso a las decisiones de las superpotencias y logren avanzar sin temor y cortapisas en sus objetivos comunes.
En este contexto, cabe destacar la reciente iniciativa adoptada por Brasil, Colombia y México pidiendo un cese al fuego inmediato de la guerra en Medio Oriente, privilegiando el diálogo político, la solución pacífica de controversias y la vía diplomática. México cuenta con la experiencia, una reconocida vocación por la paz y la estatura política internacional para emprender una estrategia global y acciones concretas en materia de política exterior para coadyuvar al proceso de paz en el conflicto de Medio Oriente, que permita desactivar a la brevedad posible las tensiones y reanudar las actividades navales, aéreas, financieras, turísticas, y la comercialización de petróleo por el estrecho de Ormuz, crucial para estabilizarlos precios internacionales del crudo.
México está llamado a desempeñar un papel proactivo en defensa de sus propios intereses nacionales en su zona de influencia inmediata. La situación de Cuba resulta por demás prioritaria y estratégica para la propia estabilidad y desarrollo de nuestro país. La profundización de la crisis humanitaria y de un éxodo migratorio desbordado de la isla caribeña impactarían aún más el territorio mexicano.
Con una política exterior pragmática y con visión de estado, México debe estar presente en la reconfiguración de alianzas estratégicas que se creen en África, América Latina, el Caribe, Europa y la región Asia-Pacífico y en la conformación del Nuevo Orden Internacional. Con el apoyo de su excelente red diplomática, México puede estar a la vanguardia y lanzar una campaña internacional por la paz y el desarrollo que le valga el respeto y reconocimiento que merece.