La inseguridad se manifiesta en todas las expresiones de la vida nacional. Afecta igual en la agricultura que en la política, y qué decir del comercio o la obra pública. De las actividades ilícitas fundacionales, las bandas criminales han migrado a otras de todo tipo. La última encuesta sobre victimización y percepción sobre la seguridad nos reveló que las cosas no han mejorado en el país.
El crimen y, en particular, el narcotráfico impulsa una nueva convivencia social. En una buena parte del territorio, la población ha cambiado sus rutinas y pautas de comportamiento. Se tienen nuevos horarios de trabajo y diversión, se cambian rutas de viajes, lugares para residir y conductas de interacción.
Hay, además, una contracultura que avanza e impone pautas que se hacen cada vez más evidentes. En esas manifestaciones sobresale la música y una serie de diversiones. Entre las segundas: las carreras parejeras, peleas de gallos y casinos clandestinos son ahora más comunes y con nuevas connotaciones. Por lo que hace a la música, la banda y otros géneros se han impuesto en el gusto de los delincuentes y en su narrativa. Los “héroes del mal” tienen sus cantos épicos y en ellos, no solo se divierten, también se glorifican, marcan territorios y mandan mensajes.
El 11 de septiembre, en Chichimequillas, municipio de Silao, Guanajuato, fueron asesinados durante una reunión social dos integrantes del grupo Alto Exceso. Un día antes, en Cajeme, Sonora, fue ultimado un creador de contenidos. En la historia, la lista de ataques es muy larga y entre las víctimas hay nombres memorables como el de Chalino Sánchez, muerto en 1992, a los 31 años, en Culiacán. Era conocido como “el Rey del Corrido” y, en su breve vida, se pasó unos meses en la cárcel, migró a Estados Unidos y regresó; fue baleado, le asesinaron un hermano, se hizo ídolo y un buen día lo levantaron unos tipos que se decían policías federales para después ser encontrado con un tiro en la cabeza. Por cierto, a Chalino se le ocurrió musicalizar el famoso “Nocturno a Rosario”, el éxito de mi paisano Manuel Acuña, muerto por suicidio en el antiguo edificio de la Inquisición.
Otro de los casos más significativos es el del grupo Kombo Kolombia, cuyos 17 integrantes, después de tocar en una fiesta privada en Nuevo León, fueron secuestrados, asesinados y sus cuerpos arrojados a un pozo muy cerca de la frontera con Coahuila. Qué decir de personajes como Valentín Elizalde y la leyenda que su homicidio causó. Desde siempre, los corridos han narrado los sucesos de regiones y barrios; así, en mi tierra todavía se oyen: “Rosita Alvirez”, “Agustín Jaime”, “Arnulfo González” o “Volaron los pavorreales”; este último es el corrido de Lucio Vázquez, muerto en el bello pueblo coahuilense de Sierra Mojada.
Es claro que muchas de las piezas son encargos de delincuentes, para mandar algún mensaje a enemigos, amigos o autoridades, y no faltan las de aquellos que, a falta de un buen tratamiento psicológico para ajustar su personalidad, buscan pasar a la historia en un estribillo meloso.
En Coahuila, durante mi gobierno, al enfrentar el crimen, optamos por una estrategia multidimensional y en ella se incluyó frenar la contracultura que glorifica el crimen y las prácticas que generan ambientes de violencia o crimen. Ello incluyó poner alto a excesos de todo tipo e incluso limitar la venta del alcohol. Hubo de todo, desde protestas de juerguistas hasta un famoso cantante que se molestó porque le cobraban los impuestos, pero también la solidaridad de los propietarios de las estaciones de radio que, de manera voluntaria, retiraron de la programación los narcocorridos.
No es un tema de moral, es de principios y conveniencia social: tenemos que frenar la glorificación del crimen y los ambientes que promueven la comisión delictiva. En el último reporte de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad, nos da varias pistas de aquello que genera preocupación en la población. Entre ellas: venta de alcohol y falta de alumbrado.
La paz se va a conseguir cuando todos los gobernadores participen en el esfuerzo.