“Los ojos pegados a la pantalla del teléfono, te perdiste el hit sin MTV. Vuélvete análogo, hazlo cinema. Asómate a la ventana, ¿qué es lo que ves?”. Frases como estas le dan forma a Bass Persuades, la nueva canción de la cantante Miley Cyrus, que no es precisamente un poema pero intenta reflejar la situación actual de los más jóvenes y su relación con la cultura y el entretenimiento.
Luego, sobre un ritmo pegadizo, viene el coro: “Los chicos no quieren bailar. No podemos quedarnos así para siempre. Entreguémonos a la noche y juntemos nuestros cuerpos”. Quizá el mensaje es demasiado obvio y, de acuerdo con algunas listas de popularidad, la canción fue inicialmente un fracaso. Pero era de esperarse (¿lo era?), la Generación Z detesta que le digan lo que tiene que hacer, pensar o sentir.
Con todo, hay algo de verdad en lo que estos versos explican, aunque suenen como los resultados de una encuesta o el encabezado sensacionalista de una revista médica. De acuerdo con algunos expertos, la relación que los jóvenes llevan con sus redes sociales, donde lo más importante es crear una imagen perfecta, no les permite cometer errores que quedarán para siempre en internet. Los chicos no quieren bailar por temor al ridículo, y porque no quieren convertirse en un meme.
En el estado de vigilancia en el que hoy vivimos, donde siempre hay un celular o una cámara grabando, todos estamos a un paso de baile de provocar cringe y de arruinar para siempre nuestra bien construida reputación. Pero quizá lo más irónico es que los más preocupados por esto sean los mismos chicos que volvieron exitoso a TikTok a base de coreografías ensayadas. ¿Qué pasó ahí?
Hay otra explicación. Adivinaron. La ultraderecha.
Históricamente, la relación entre sexo y baile es prácticamente indivisible. Pero déjenme ponerlo en otras palabras: amor y libertad. De igual manera, la noche y la fiesta son parte de esta fórmula. Todo lo que tiene que ver con la cultura de baile nos habla de libertades y, como ya lo sabemos, esto es algo que a los líderes conservadores no les gusta. Quizá por ello, hemos escuchado hablar con más frecuencia de las fiestas sin alcohol y de “la muerte de la pista de baile”.
También hay que tomar en cuenta el racismo y su intersección con la tecnología. La música para bailar creada por inteligencia artificial ya está acaparando las listas de popularidad, con modelos entrenados a partir de la música de artistas negros y de otras etnias que no reciben beneficio económico y que no dieron su consentimiento. En el cine, el director Paul Schrader declaró que ya no estará obligado a contratar actores negros pues podrá crearlos con IA. ¿Alguien dijo apropiación cultural?
Hay diferencia entre bailar y soltarse. Yo creo que el tema aquí no es el baile, sino el control. No extraña que “los chicos no quieren bailar” se una a otras populares consignas de los últimos años, como “los chicos no quieren tomar” o “los chicos no quieren tener sexo”. De pronto, resulta que la Generación Z es así de virtuosa. En lo personal, me queda claro que las encuestas son manipulables y que pueden servir para comunicar el mensaje que a ciertos grupos conviene. ¿A quién le beneficia que las cosas sean de una u otra forma? Los chicos sí quieren bailar, déjenlos.