Las nuevas masculinidades proponen alejarse de comportamientos y actitudes que perpetúan la desigualdad de género y la violencia, promoviendo en su lugar la igualdad, la expresión emocional y la corresponsabilidad en tareas domésticas, y de cuidado. Este enfoque no solo beneficia a las mujeres, sino que también contribuye al bienestar emocional y social de los hombres, permitiéndoles vivir de manera más plena y auténtica. El machismo puro y extremo ya no existe.
En este contexto, uno de los cambios más visibles se produce en la forma en que se distribuyen las responsabilidades dentro del hogar. Durante mucho tiempo, las tareas domésticas fueron consideradas una obligación exclusiva de las mujeres; sin embargo, la transformación de las masculinidades impulsa una participación más activa de los hombres en la vida cotidiana de la familia. Hoy es cada vez más común observar a hombres que realizan labores del hogar, que hacen el aseo, lavan el baño, lavan los trastes y comparten las actividades necesarias para el funcionamiento del espacio doméstico. En 2026, tender la cama no es una labor en solitario, ni exclusiva de mujeres.
De igual forma, la paternidad comienza a asumirse desde una perspectiva distinta. Padres que cambian pañales, que participan en el cuidado de sus hijas e hijos y que se involucran de manera directa en su crianza. Estas acciones, que antes podían considerarse excepcionales, hoy empiezan a reflejar una comprensión más amplia de la responsabilidad familiar y del papel que los hombres pueden desempeñar en la formación, y acompañamiento de las nuevas generaciones.
La responsabilidad colectiva también se manifiesta en los actos cotidianos de cuidado y acompañamiento. Cada vez es más frecuente observar a hombres que acompañan a sus madres al médico, o que están presentes en los procesos de salud de sus parejas, incluso en consultas que históricamente se consideraron ajenas al ámbito masculino, como las revisiones ginecológicas. Estos gestos, aunque simples, representan un cambio profundo en la manera en que los hombres se relacionan con el cuidado y con la vida familiar.
Este proceso de transformación encuentra respaldo en el marco constitucional. El Artículo 4° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que el varón y la mujer son iguales ante la ley, y que esta debe proteger la organización y el desarrollo de la familia (de todas las familias, cualquiera que sea su conformación). Este principio implica que las responsabilidades domésticas, familiares y las labores de cuidado no deben recaer exclusivamente en uno de los géneros, sino que deben asumirse desde una lógica de igualdad y corresponsabilidad.
Además, con la reforma constitucional en materia de Derechos Humanos de 2011, nuestro sistema jurídico mexicano consolidó un paradigma que coloca la dignidad humana en el centro del orden constitucional. Bajo esta perspectiva, los derechos humanos -que antes se concebían e identificaban en su mayoría como garantías individuales-, exigen hoy que la igualdad entre mujeres y hombres se refleje también en la vida cotidiana y en la forma en que se organizan las relaciones familiares.
En este escenario comienzan a surgir nuevos estilos de crianza, basados en la presencia activa de ambos padres (incluidas las familias con dos ejes mujeres, dos ejes hombres o cualquier otra conformación familiar, como pueden ser núcleos de abuelos y tíos), en la cooperación y en el reconocimiento compartido de responsabilidades. El papel, el rol de “ser mamá” ha evolucionado a la par de las nuevas masculinidades. Cuando el cuidado se distribuye de manera más equitativa, se fortalecen los vínculos familiares y se generan entornos más armónicos para el desarrollo de niñas, niños y adolescentes.
De esta manera, la transformación de los hombres no solo redefine la forma en que los hombres se relacionan con las mujeres, sino también la manera en que se construyen las familias. En la medida en que el cuidado, la empatía y la corresponsabilidad se integran a la vida cotidiana, es posible construir familias más tranquilas, más solidarias y más justas, donde la igualdad deje de ser únicamente un principio legal y se convierta en una práctica diaria dentro del hogar.
Desde aquí, una Felicitación, con “F” mayúscula a mis padres, Alicia y Jorge, que en marzo de 2026 cumplen 60 años de casados. Causas generadoras que fundan su vida en la igualdad y la equidad.