Olinia: El “autogol mexicano”

10 de Junio de 2026

Olinia: El “autogol mexicano”

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Pablo Reinah

México presenta con bombo y platillo el Olinia, el supuesto primer auto eléctrico “100% mexicano”. Prometen revolucionar la movilidad urbana con orgullo nacional. La realidad, vista sin filtros, es un carrito de golf tuneado con millones de pesos públicos que pica más que un taco al pastor con salsa extra. No es innovación: es propaganda con ruedas que llega tarde, cara y poco práctica.

El proyecto ya acumula más de 175 millones de pesos públicos en la fase inicial, con la búsqueda de otros 200 millones privados. Su precio anunciado arranca en 150 mil pesos. Suena accesible, pero compárenlo con opciones chinas o locales de movilidad eléctrica que ofrecen precios similares o inferiores sin subsidios opacos ni fanfarria oficial.

Cifras confirmadas del prototipo presentado: velocidad máxima de 50 km/h, autonomía de alrededor de 125 km por carga y recarga en cualquier enchufe doméstico. Suena ideal para trayectos cortos en PowerPoint. En la vida real de las metrópolis mexicanas —con baches como cráteres, pendientes pronunciadas, tráfico infernal y distancias diarias que superan los 40 km— se convierte en un obstáculo lento y limitado.

¿Quién lo va a usar de verdad? ¿El repartidor que sube cerros con carga pesada? ¿La familia que recorre decenas de kilómetros diarios en hora pico por CDMX, Guadalajara o Monterrey? ¿O solo servirá para selfies institucionales y tours controlados?

El problema de fondo es más grave: ¿los funcionarios que lo promueven lo usarán como vehículo principal? ¿Dejarán la Suburban o el auto de lujo para subirse al “cochecito mexicano” cuando llueva, haya que ir al aeropuerto o surja una emergencia? La brecha entre el discurso triunfal y la realidad del ciudadano común es abismal.

Mientras se gasta en símbolos, miles de mexicanos lidian con transporte público deficiente, gasolina cara y vialidades destruidas. México necesita electromovilidad real, no prototipos para la foto.

¿Quién lo comprará?

Hasta ahora, solo se presentó un prototipo. No está disponible para compra. La producción comercial inicia hasta el verano de 2027, más de un año después del Mundial. No hay miles de unidades rodando, solo promesas. Los datos son claros: bajo costo operativo, pero con limitaciones técnicas que lo condenan a nichos muy específicos de uso urbano plano y corto.

No se trata de rechazar la innovación. México merece opciones eléctricas eficientes, honestas y resolutivas. Lo que duele es destinar recursos públicos a un proyecto que, por ahora, genera más memes y dudas que soluciones tangibles. En vez de priorizar infraestructura real —cargadores masivos, mantenimiento de calles, transporte público eléctrico de verdad—, se apuesta por un símbolo que llega tarde y es poco práctico.

El Mundial 2026 será vitrina global. Ojalá no sea el escenario donde exhibamos ante el mundo cómo gastamos millones para producir un carrito que pocos querrán manejar fuera de un circuito cerrado. México merece movilidad digna, no propaganda rodante. Exijamos resultados tangibles, no más promesas de gobierno como la fallida vacuna “Patria”. Veremos.