¿Para quién trabajan las máquinas?

11 de Junio de 2026

¿Para quién trabajan las máquinas?

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Juan Pablo Gómez Zarazúa

La Inteligencia Artificial es el tema central en las conversaciones sobre el futuro y el presente. Plantea múltiples discusiones que van desde la ética y el uso responsable de la tecnología hasta el potencial que puede tener en diferentes industrias. Pero poco se ha discutido sobre cómo la IA podría empeorar la desigualdad global, dejando soluciones y ganancias millonarias a los magnates y desempleo a los trabajadores comunes.

Según una publicación de David Cahn en Sequoia hecha en 2024, la industria de la IA generativa necesita generar un estimado de $600 mil millones de dólares anuales en ingresos globales solo para compensar el gasto de capital invertido en infraestructura.

Cifras del FMI confirman que aproximadamente el 40% del empleo a nivel global está expuesto a la automatización o complementariedad de la IA. El mismo FMI advierte que la adopción de IA arriesga ampliar la desigualdad entre países, ya que las economías avanzadas están mejor posicionadas para beneficiarse por su mayor exposición, infraestructura digital avanzada y mercados laborales preparados para la IA. El Reporte Internacional de Seguridad de IA 2026 estima que el impacto de la IA en el crecimiento económico de las economías avanzadas podría ser más del doble que en los países de bajos ingresos.

Las presiones por recuperar las cifras millonarias que se han invertido en esta industria crecen cada vez más con el tiempo y la IA es una obsesión en los sectores de innovación tecnológica. En noviembre de 2025 el 45% de los gestores de fondos de Bank of America ya identificaban la burbuja de IA como el mayor riesgo del mercado, cuando meses antes ese porcentaje era del 11%. Estamos en un punto de no retorno, en donde los avances de la tecnología han costado miles de millones de dólares y no obtener retornos pronto podría llevar a esta industria a la quiebra.

Ilya Sutskever, cofundador y ex-científico jefe de OpenAI, argumenta que las empresas de IA están atrapadas en una “carrera de ratas” comercial que las obliga a sacrificar investigación por productos que generen ingresos a corto plazo. Lo que diferencia a las empresas no es quién tiene más recursos, sino quién sabe investigar.

El límite del potencial que tiene la IA es el sistema capitalista mismo. Las presiones de los inversionistas, la visión cortoplacista que exige resultados antes que innovación y el fetiche en el que muchos empresarios han convertido a la IA pueden ser los factores principales que lleven a esta industria a una crisis severa de financiamiento.

Los negocios y los beneficios para la humanidad no necesariamente van de la mano. Mientras la expectativa siga siendo que la tecnología avance conforme a la cantidad de utilidades que esta le puede generar a los magnates, seguiremos observando avances tecnológicos que no benefician a todos por igual o que sacrifican el progreso tecnológico por estrategias de mercadotecnia que prioricen las ganancias.

Casi la mitad de los empleos se verán afectados por la IA, mientras los magnates y empresarios celebran la llegada de la tecnología por lo que esta puede hacer por sus operaciones y procesos automatizables.

Los dueños del capital invertido en el sector y los líderes de las empresas de IA están buscando exprimir esta herramienta para asegurar retornos de inversión millonarios y los trabajadores temen que su fuente de ingreso deje de existir en el mediano plazo. ¿Quiénes deben decidir para quién trabajarán las máquinas?