Pedro Garfias

23 de Junio de 2026

Pedro Garfias

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Rubén Moreira

Es el poeta olvidado de la generación del 27. Nació en Salamanca en 1901 y murió en Monterrey a los 66 años. De su corta vida y su largo viaje a la ciudad de las montañas da cuenta Un corazón extraviado, novela de María de Alva publicada por HarperCollins. El texto conduce al lector por los recovecos de la rebeldía y la literatura. Para quienes gustamos de la obra de Garfias y de la ciudad que lo vio morir, el texto es imprescindible: un repaso de lugares y recuerdos entrañables.

Mi padre me llevó por primera vez a la librería Cosmos de Monterrey; fue a inicios de los años 70. En esa ocasión me surtí de Salgari y Verne. Con mi abuela, después de misa en la Catedral, y antes de caminar hacia donde se vendía literatura de la Unión Soviética y de Europa del Este, recorría sus estantes en medio de un aroma a maderas. Ahora ya no existe esa librería, como tampoco la México ni la tienda del “ruso”, con su propaganda “comunista” y los sellos postales con imágenes de Lenin y Marx.

Al igual que Lister, Orwell, Miguel Hernández, Weil y Siqueiros, Garfias se alistó en el bando republicano. Estuvo en Pozoblanco, donde, con una batería rusa, defendió el punto y tuvo tiempo de escribir:

Ay Pozoblanco del almacómo quiero tus escombros.y tu pecho desgarradoy tus cuatro miembros rotos.

Salió por Cataluña, como lo hicieron cientos de miles, entre ellos Machado y el protagonista de Soldados de Salamina. Cruzó Francia y el canal para hospedarse en Eaton Hastings y luego deshizo lo recorrido para embarcarse en el Sinaia rumbo a México. Aquí lo recibió Cárdenas y la solidaridad de un pueblo hermano. Vivió en el anonimato hasta que se encontró con Nuevo León, su universidad y tres grandes regiomontanos: Alfonso Reyes Ochoa, Raúl Rangel Frías y Santiago Roel García.

María de Alva Levy se formó en el Tecnológico de Monterrey y en la Universidad de California en Los Ángeles. En la calle de Palmas, en la Miguel Hidalgo, hay una de esas dulcerías que los mortales conocemos como librerías y que lleva el apellido del Mahatma. En ella, cual lector de tarot, el responsable del negocio ilumina a los parroquianos sobre las lecturas que les pueden convenir, y siempre sale uno cargado de lo que no buscaba. Así me pasó con Todo lo que no sabemos, una historia sobre la Liga 23 de Septiembre y lo sucedido en torno a la muerte del empresario Eugenio Garza Sada. Al terminar el texto —me tardé una noche— fui en busca de otros títulos de la misma autora y compré Un corazón extraviado.

El libro es el relato de dos corazones: el de la autora y el de Pedro Garfias. También de un sinnúmero de personajes españoles y mexicanos, y de la generosa ciudad que le dio abrigo hasta su muerte. A los regios les debemos muchas cosas; entre otras, los días del poeta en México y la recopilación y publicación, gracias a la Universidad Autónoma de Nuevo León y a José María Barrera López, de sus obras.

Al recordar la librería Cosmos, refugio de Garfias en sus últimos días, viene a mi mente el nombre de dos sabios: Arturo Ruiz Higuera, abogado, literato e historiador, y Roberto Vega Mandujano, maestro y líder sindical, quienes para encontrar a Pedro en la calzada Madero se escapaban de Saltillo en jornadas memorables.

En los nebulosos laberintos de los recuerdos de la infancia me quedan los de la trágica muerte de Ruiz Higuera, el asalto a los condominios de Constitución y la noticia del ataque al legendario empresario. Los libros de la escritora regiomontana son la llave para conocer el pasado cercano y para decirle a Zaid que en la Sultana hay cultura, una historia de orgullo y empeño en construir el futuro.