Petróleo profundo, soberanía superficial

12 de Marzo de 2026

Petróleo profundo, soberanía superficial

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Juan Pablo Gómez

El Proyecto Trion, una alianza entre Pemex y la australiana Woodside Energy, plantea iniciar el primer proyecto de extracción de petróleo y gas natural en aguas ultraprofundas en México. Parece que el gobierno de Sheinbaum busca dar un giro a la idea de soberanía energética en 2026.

La historia de la soberanía energética en México tiene sus inicios en la expropiación de la industria petrolera en 1938, que derivó de una serie de presiones del sindicato petrolero, opuestas a la presión de la industria petrolera estadounidense. Aunque Cárdenas impuso la soberanía ante los estadounidenses y británicos, el costo de esta fue proveer crudo a la Alemania Nazi por un tiempo. Desde entonces, Pemex es más que una paraestatal, es un símbolo de independencia, parte del discurso nacionalista del PRI. México basó su economía en gran medida en el petróleo durante décadas, e incluso era una ficha clave en el tablero de la política internacional para posicionar al país.

La industria del petróleo es básicamente un sinónimo de soberanía nacional en México. Pasaron los años y Pemex fue víctima de la corrupción y de la incompetencia, llevándola a ser una empresa que consume más recursos de los que produce. Por esto mismo, durante el sexenio de Peña Nieto, la postura fue hacia la apertura comercial. Era una época en la que la estrategia estadounidense era la privatización de los yacimientos de petróleo aún no explotados en América Latina. Peña se vio orillado a abandonar la soberanía para alinearse a Washington. La jugada se anunció como un plan de modernización y como una solución al interminable dilema sobre Pemex.

Hoy en día, México es la única potencia petrolera que depende de otro país para su abastecimiento de gasolina. Mientras China construyó 56 refinerías en 6 años, México no construyó ninguna y vendió sus yacimientos.

AMLO, en 2018, propuso recuperar a Pemex. Su gobierno construyó una refinería en Tabasco y compró otra en Texas, para así no tener que vender el petróleo y depender de otro país en lo energético. Tal vez un sexenio es poco tiempo, pero aún con las nuevas refinerías, México en 2026 importa alrededor del 40% de la gasolina que consume, del cual el 80% viene de Estados Unidos, según Animal Político.

Ahora Claudia hereda el discurso soberano obradorista, aunque manteniendo cierta apertura comercial. El proyecto de Trion aparece como un paso más en la agenda de la soberanía energética, pero en una época llena de contradicciones. Cuando Sheinbaum anuncia que se suma al bloqueo a Cuba, se vuelve difusa la línea de la soberanía nacional. Si México propone soberanía energética, la decisión sobre proveer o no petróleo a Cuba debió resolverse dentro de México, pero parece que fue la presión estadounidense la que mandó en ese caso.

La excavación de Trion está a menos de 100 kilómetros de la frontera marítima con Estados Unidos. Es atinado sospechar que la motivación detrás del proyecto sea apurar la explotación de petróleo antes de que el vecino del norte se quede con todo el contenido del yacimiento, ya que se suelen compartir en esa región. Es peculiarmente difícil mantener una imagen de soberanía ante Trump y ni hablar sobre mantener soberanía en los hechos. La alianza de Pemex no es con una empresa mexicana, pero tampoco es con una estadounidense; que el aliado venga de Australia es también parte del mensaje. El reto es que el discurso no se aleje demasiado de la realidad. Si Cárdenas, al borde de un conflicto internacional, estuvo dispuesto a comerciar con los nazis, habrá que observar qué precio está dispuesta a pagar Claudia Sheinbaum al borde de otro conflicto.