Reelección de diputaciones en la Ciudad de México

24 de Septiembre de 2026

Reelección de diputaciones en la Ciudad de México

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La reforma constitucional que prohíbe la reelección consecutiva entró en vigor en 2025, pero su régimen transitorio pospuso los efectos hasta los procesos electorales de 2030. Eso significa que las personas que en ese año ocupen un cargo de elección popular ya no podrán buscar un nuevo periodo, y que 2027 será la última elección en la Ciudad de México donde alcaldías, concejalías y diputaciones locales puedan competir por la reelección consecutiva. Con esa fecha límite a la vista, conviene revisar cómo ha funcionado la figura de la reelección hasta ahora.

La reelección consecutiva se sostiene en una idea central: el vínculo entre quien representa y su electorado. Es ese vínculo el que permite que la ciudadanía, con su voto, premie o castigue el desempeño de quien busca continuar en el cargo. Sin ese hilo entre la gestión y quien la evalúa, la reelección pierde buena parte de su sentido.

La Constitución de la Ciudad de México habilita la reelección consecutiva de diputaciones y fija condiciones sobre el partido que puede postularlas, pero no obliga expresamente a que una diputación de mayoría relativa busque su reelección en el mismo distrito por el que fue electa. Desde 2021 propuse realizar esta precisión con la siguiente redacción “Artículo 68. (...) Para el caso de diputaciones por el principio de mayoría relativa, la postulación debe hacerse en el mismo Distrito Electoral Uninominal en que fueron postulados originalmente (...)” la cual se encuentra en los lineamientos que cada proceso electoral emite el Instituto Electoral de la Ciudad de México.

Cuando una diputación de mayoría relativa opta por competir de nuevo por esa misma vía, los lineamientos sí la han obligado a hacerlo en su distrito de origen. Pero la ley también permite que esa misma diputación cambie de principio y busque su reelección por representación proporcional, o que una diputación de representación proporcional cambie a mayoría relativa. En ese tránsito, el vínculo con el electorado original se rompe. Quien fue evaluado por un distrito específico termina compitiendo ante un electorado que nunca lo tuvo como representante, o abandona la rendición de cuentas directa que supone ganar un distrito.

En 2021, cuando se aplicó por primera vez la reelección consecutiva en el Congreso local, hubo 34 candidaturas que buscaron reelegirse: 25 por mayoría relativa y nueve por representación proporcional. De las 25 de mayoría relativa, 17 ya habían llegado al Congreso por ese mismo principio y ocho venían de representación proporcional. De las nueve candidaturas de representación proporcional, tres habían sido electas antes por mayoría relativa y seis por representación proporcional. En total hubo 11 cambios de principio: ocho de representación proporcional a mayoría relativa y tres en sentido contrario.

La elección de 2024 confirmó el patrón. De las 22 personas que fueron electas diputadas tanto en 2021 como en 2024, 13 habían llegado al Congreso en 2021 por mayoría relativa. De ellas, ocho repitieron en el mismo distrito, dos compitieron en distritos que cambiaron de numeración por la redistritación —casos en los que el IECM verificó la continuidad territorial— y tres pasaron a representación proporcional, dejando atrás el distrito que las eligió.

Cuando una diputación repite por el mismo principio, la ciudadanía de su distrito conserva la oportunidad de evaluarla. Pero cuando cambia de principio, esa oportunidad desaparece, y con ella se debilita justo el elemento que da sentido a la reelección consecutiva.

La elección de 2027 será la última en la que podrá aplicarse la reelección consecutiva previo a la entrada en vigor de la prohibición constitucional de 2030. Por ello, es fundamental contar con reglas claras sobre las condiciones para que una candidatura busque permanecer en el cargo.

En el caso de las diputaciones de mayoría relativa, mantener el vínculo con el distrito original fortalece la rendición de cuentas y permite que el mismo electorado evalúe su desempeño. Las desviaciones a esa lógica probablemente contribuyeron a desprestigiar la figura de la reelección consecutiva o, por lo menos, le restaron valor.

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