Las políticas antiinmigrantes de Donald Trump siguen pasando factura a México. El gobierno mexicano ha encendido los focos rojos ante el debilitamiento del envío de dinero de los connacionales que viven en el norte: las agresivas políticas migratorias de la administración republicana, la expulsión masiva de mexicanos y el efecto disuasorio sobre nuevas migraciones han comenzado a golpear uno de los pilares más sólidos de la economía nacional. Las remesas –que desde 2021 superan al petróleo y al turismo como principal fuente de divisas del país– muestran ya las primeras señales de fragilidad.
Los números del Banco de México ya reflejan el impacto. Al cierre de enero de 2026, el flujo de remesas provenientes de Estados Unidos sumó 4,594 millones de dólares, una contracción de 1.43% respecto al mismo mes del año anterior. Es el primer dato oficial que confirma lo que muchas familias mexicanas ya resentían en sus bolsillos.
La variación mensual es aún más elocuente. Entre diciembre de 2025 y enero de 2026, el monto enviado se desplomó 13.46%, al pasar de 5,124 a 4,594 millones de dólares. Detrás de esa cifra hay un dato que lo explica todo: el número de transacciones cayó 5.2% en el último año, con apenas 11.5 millones de operaciones registradas en enero. Menos migrantes enviando dinero, no migrantes enviando menos.
Hay, sin embargo, una paradoja en los datos: quienes sí envían dinero mandan más que antes. El promedio por remesa subió a 401 dólares –apróximadamente 6,950 pesos– frente a los 393 dólares de enero del año pasado.
El miedo también se lee en la forma en que se mueve el dinero. En enero, el 98.6% de las remesas se realizó mediante transferencias electrónicas, una proporción ligeramente menor al 99.1% de diciembre de 2025. El pequeño repunte del efectivo y las money orders –que juntos representaron el 1.4% restante, con 54 y 11 millones de dólares respectivamente– sugiere que algunos migrantes evitan acudir a establecimientos de envío formal por temor a ser identificados o detenidos.
Visto en perspectiva anual, el fenómeno todavía no alcanza proporciones de crisis, pero la dirección es preocupante. Entre enero y diciembre de 2025 México recibió 61,710 millones de dólares en remesas, cifra casi idéntica a los 61,777 millones del año anterior. La estabilidad del acumulado contrasta con la caída mensual y revela que el deterioro es reciente y acelerado: lo que se sostuvo durante todo 2025 comenzó a ceder justo cuando las deportaciones masivas se convirtieron en política de Estado.
Las causas de esta caída no son un misterio. Dos factores se combinan para explicar el fenómeno: el aumento del desempleo entre los migrantes mexicanos en Estados Unidos y el miedo a circular libremente por la amenaza de deportación. El número de desempleados de origen mexicano subió de 943,000 en diciembre a 1.1 millones en enero, el mayor registro para ese mes desde 2021. Muchos de quienes conservan su empleo optan por no salir de casa ni acudir a negocios de envío de dinero por temor a ser detenidos, lo que explica la baja de 5.2% en el número de transacciones.
El escenario que enfrenta México es, por tanto, de doble presión: por un lado, la caída en el volumen de transacciones derivada del clima de miedo e incertidumbre que viven los migrantes; por el otro, el creciente desempleo que erosiona su capacidad de ahorro y envío. Si bien el monto promedio por remesa ha aumentado ligeramente –de 393 a 401 dólares–, ello no compensa la pérdida en el número de operaciones.
El dato del acumulado anual, prácticamente sin cambios respecto a 2024, puede leerse como una señal de alerta temprana antes que como estabilidad: si las deportaciones se aceleran y el desempleo entre los migrantes continúa al alza, la tendencia podría profundizarse en los próximos meses.
Para los estados del país que dependen de manera sustancial de estas transferencias –Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Estado de México y Puebla concentran más de la mitad del total recibido–, la amenaza es concreta. El gobierno mexicano tendrá que diseñar estrategias que mitiguen el impacto, pues las políticas migratorias de Washington no muestran señales de suavizarse en el corto plazo.
*Diputado local por el Distrito 15 de Iztacalco
X: @PabloTrejoizt