Seguridad en el Mundial

19 de Junio de 2026

Seguridad en el Mundial

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Alejandra Cerecedo

Hay momentos en la vida pública que funcionan como exámenes de realidad. No aparecen en un calendario institucional ni se pueden resolver con discursos; se enfrentan en tiempo real y exhiben si la planeación, la coordinación y el liderazgo realmente existen.

El pasado 11 de junio, la Ciudad de México vivió uno de esos días. La inauguración del Mundial 2026 en el Estadio Ciudad de México concentró, en unas cuantas horas, algunos de los mayores desafíos para cualquier gobierno urbano: un evento de alcance internacional, miles de personas desplazándose hacia un mismo punto, delegaciones extranjeras, atención mediática global y, al mismo tiempo, movilizaciones sociales de distintos grupos, entre ellos integrantes de la CNTE, colectivos de familias buscadoras y organizaciones que expresaban inconformidades sobre distintos temas.

El escenario que muchos anticipaban era el de una ciudad rebasada. El resultado fue distinto.

Desde la perspectiva de comunicación política, hay un elemento fundamental que observar: la seguridad no solo se mide en detenciones o despliegues policiales; también se mide en la capacidad de un gobierno para transmitir control, previsión y confianza en momentos de alta presión.

La Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México enfrentó una prueba compleja. No se trataba únicamente de custodiar un partido o proteger un estadio. Era necesario garantizar tres objetivos simultáneos: la seguridad de asistentes y delegaciones, la movilidad de miles de aficionados y el derecho a la manifestación.

Ese equilibrio es donde suele estar la verdadera dificultad. El trabajo encabezado por el secretario Pablo Vázquez Camacho mostró una operación basada en planeación y coordinación. El llamado Operativo Última Milla permitió ordenar el flujo de asistentes ante las restricciones de acceso vehicular, mientras se mantenía vigilancia sobre posibles intentos de alterar los perímetros de seguridad. El saldo, con 19 personas detenidas, contrastó con el escenario de caos que algunos sectores habían previsto.

Pero el dato más relevante no está solamente en el resultado operativo, sino en la narrativa que acompañó la jornada: una ciudad que logró realizar un evento internacional sin cancelar la protesta social.

En democracia, las calles también son un espacio político. Las manifestaciones de la CNTE y de los colectivos de madres buscadoras representan demandas distintas, pero comparten algo esencial: la exigencia de ser escuchados por las instituciones.

Por eso, la respuesta de seguridad debía ser cuidadosa. Un exceso de fuerza habría generado una crisis distinta: una crisis de legitimidad. La autoridad tenía que proteger el evento, pero también demostrar que la gobernabilidad democrática no depende de silenciar el descontento.

En ese sentido, la coordinación entre la SSC capitalina y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana federal fue otro elemento relevante. La articulación entre Pablo Vázquez Camacho y Omar García Harfuch envió un mensaje político claro: cuando las instituciones trabajan alineadas, la respuesta del Estado puede ser más eficaz.

La seguridad, además, tiene una dimensión simbólica. Para una ciudad que será sede de uno de los eventos deportivos más importantes del mundo, cada operativo será observado como una muestra de capacidad institucional. Sin embargo, reconocer un buen resultado no significa ignorar los pendientes. La Ciudad de México sigue enfrentando retos importantes en movilidad, percepción de seguridad y atención a problemáticas sociales que no desaparecen.

El examen del 11 de junio no resuelve los problemas de la ciudad, pero sí deja una señal importante: la seguridad pública también es una herramienta de comunicación política cuando se ejerce con inteligencia y coordinación. Faltan semanas de Mundial y vendrán nuevas pruebas. La ciudad tendrá que repetir la fórmula: preparación, coordinación institucional y capacidad para entender que gobernar no solo implica controlar el orden público, sino construir confianza.

Porque en una democracia, la mejor operación de seguridad no es aquella que impide que la ciudad se exprese; es aquella que permite que la ciudad funcione.

En ruta contra el rezago

Durango se convirtió en la entidad más reciente en incorporarse al programa En Ruta por la Educación, una estrategia impulsada por Fundación TRAXION, que lleva Alejandra Méndez, en coordinación con el Instituto Duranguense de Educación para Adultos (IDEA) y el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA). La puesta en marcha de la Ruta 23 busca acercar servicios educativos a personas jóvenes y adultas en condición de rezago educativo mediante un aula móvil que recorrerá distintos municipios de la entidad. Durante el lanzamiento se recordó que en México existen más de 27 millones de personas en rezago educativo, mientras que en Durango esta condición afecta a más de 356 mil habitantes mayores de 15 años. Bajo este esquema, los beneficiarios podrán alfabetizarse y concluir la primaria o la secundaria con validez oficial, a través de un modelo diseñado para llevar la oferta educativa directamente a las comunidades donde las barreras de acceso siguen siendo una constante.