Solidaridad con la dictadura

18 de Marzo de 2026

Solidaridad con la dictadura

Brenda Peña

Brenda Peña.

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EjeCentral

El expresidente de México, Andrés Manuel López Obrador, volvió a aparecer en la conversación pública. Y no es la primera vez desde que dejó el poder. A pesar de haber insistido durante años en que los expresidentes debían retirarse de la vida política, López Obrador ha reaparecido en varias ocasiones con mensajes públicos. Esta vez lo hizo para llamar a los mexicanos a donar dinero para apoyar al pueblo de Cuba.

En un mensaje difundido en redes sociales, el exmandatario afirmó que le “hiere” la situación que vive la isla y convocó a aportar recursos a una cuenta de una asociación civil para comprar alimentos, medicinas, petróleo y gasolina con destino al país caribeño.

La respuesta desde La Habana fue inmediata. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, agradeció públicamente el gesto y celebró la solidaridad del exmandatario mexicano.

Pero el problema no es la solidaridad. El problema es el silencio selectivo que la acompaña.

Porque Cuba no es simplemente un país que atraviesa una crisis económica. Es un sistema político de partido único gobernado por el Partido Comunista desde la revolución encabezada por Fidel Castro en 1959. En la isla no existe competencia electoral entre partidos, la oposición política no tiene reconocimiento legal y distintas organizaciones internacionales han documentado restricciones a la libertad de expresión y detenciones de disidentes.

Ese contexto rara vez aparece en el discurso de López Obrador cuando habla de Cuba.

El exmandatario ha construido buena parte de su narrativa política denunciando abusos del poder y criticando gobiernos que —según su visión—, traicionan a sus pueblos. Sin embargo, cuando se trata de la isla, esa vara desaparece. No hay críticas al sistema político cubano, no hay cuestionamientos a la ausencia de pluralidad democrática ni a las restricciones documentadas contra opositores.

En cambio, lo que aparece es un respaldo político que el gobierno cubano recibe con entusiasmo.

No es difícil entender por qué. En Cuba el Estado controla gran parte de la economía, las instituciones y la distribución de bienes. En ese contexto, cualquier respaldo internacional de una figura política relevante se convierte en capital político para el régimen.

Por eso el agradecimiento de Miguel Díaz-Canel fue inmediato. No se trata solo de alimentos o combustible. Se trata de legitimidad.

Y esa legitimidad importa, especialmente para un sistema político que enfrenta críticas internacionales constantes por su falta de apertura democrática.

Mientras tanto, México enfrenta sus propias crisis.

De acuerdo con cifras oficiales del sistema nacional de seguridad, enero de 2026 cerró con mil 468 víctimas de homicidio doloso en el país, un promedio de 47 asesinatos al día. A ello se suma otra tragedia que se ha vuelto estructural: más de 111 mil personas permanecen desaparecidas en registros oficiales. Son familias enteras buscando en fosas clandestinas, recorriendo morgues y esperando respuestas que el Estado no ha podido dar.

Ese es el país desde el que López Obrador convoca solidaridad hacia el extranjero.

Ayudar a otros pueblos siempre puede ser algo valioso. Pero cuando un expresidente mexicano levanta la voz para respaldar a un gobierno autoritario mientras su propio país sigue acumulando muertos, desaparecidos y familias enteras buscando a sus seres queridos, la pregunta es inevitable: ¿por qué tanta preocupación por el régimen cubano y tan poca por el dolor que se vive todos los días en México? Para muchos, esa distancia solo puede leerse de una forma: insensibilidad e incongruencia.