Trenes y movilidad sustentable: una oportunidad ambiental para la Ciudad de México

9 de Enero de 2026

Miriam Saldaña
Miriam Saldaña

Trenes y movilidad sustentable: una oportunidad ambiental para la Ciudad de México

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Miriam Saldaña

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EjeCentral

En la Ciudad de México, la movilidad es uno de los ejes fundamentales de las políticas públicas orientadas a reducir emisiones, mejorar la calidad del aire y garantizar un transporte sustentable para millones de personas. Aunque los grandes proyectos ferroviarios de trenes de pasajeros interestatales son, por definición, atribución del Gobierno federal, desde la capital se han impulsado con fuerza mecanismos de movilidad más limpios y eficientes que pueden servir de base ambiental para imaginar un futuro donde los trenes de pasajeros sean parte esencial de una estrategia de descarbonización urbana y metropolitana. La Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México (SEDEMA) ha promovido activamente talleres y procesos participativos enfocados en la movilidad sustentable, integrando metas climáticas dentro del Programa de Acción Climática de la Ciudad de México (PACCM) y el Programa de Gestión para Mejorar la Calidad del Aire (ProAire). Este enfoque reconoce que la manera en que nos movemos es clave para reducir emisiones de gases de efecto invernadero y contaminantes locales, especialmente en una de las zonas metropolitanas más grandes del mundo. La experiencia de la ciudad con sistemas ferroviarios eléctricos demuestra que los beneficios ambientales de este tipo de transporte no son teóricos, sino medibles. Proyectos como el Tren Interurbano que conecta a la Ciudad de México con el Estado de México han estimado una reducción de hasta 300 mil toneladas de CO₂ al año, al sustituir miles de viajes diarios realizados en vehículos particulares. Además, los trenes eléctricos pueden consumir hasta 60 % menos energía por pasajero en comparación con el uso del automóvil, lo que representa una ventaja clara frente a los sistemas de transporte basados en combustibles fósiles. La movilidad de millones de habitantes de la Ciudad de México depende diariamente de sistemas de transporte que, aunque no son trenes interestatales, funcionan bajo principios ambientales similares. El Tren Ligero, operado por el Servicio de Transportes Eléctricos de la CDMX, con sus 16 estaciones y conexiones hacia Coyoacán, Tlalpan y Xochimilco, es un ejemplo de transporte eléctrico que reduce emisiones y contaminantes locales. De igual forma, el Sistema de Transporte Colectivo Metro permite desplazar a cientos de miles de personas diariamente con una huella ambiental considerablemente menor que la del transporte individual.

Desde una perspectiva ambiental y social, el impacto de los trenes de pasajeros también se refleja en la reducción de la congestión vial. Se estima que un sistema ferroviario interurbano puede transportar más de 100 mil pasajeros diarios, disminuyendo la saturación de las principales vías de acceso a la capital y contribuyendo indirectamente a una mejor calidad del aire. Menos automóviles en circulación significan menos partículas contaminantes y menores riesgos para la salud pública. A estos beneficios ambientales se suman impactos económicos relevantes. La inversión en infraestructura ferroviaria, que en proyectos como el tren interurbano ha superado los 40 mil millones de pesos, no solo fortalece la movilidad sustentable, sino que también genera empleo y desarrollo regional.

Durante su construcción, este tipo de obras puede generar miles de empleos directos e indirectos, además de detonar procesos de renovación urbana y un aumento en el valor inmobiliario de las zonas cercanas a las estaciones, con efectos positivos en la recaudación y la economía local. Más allá de los modos ferroviarios locales, SEDEMA ha enfatizado que la movilidad sustentable es un eje central de la acción climática en la ciudad. Esto implica no solo mejorar la eficiencia de los sistemas existentes, sino también fortalecer la coordinación interinstitucional para que todas las formas de transporte minimicen su impacto ambiental. La experiencia de la Ciudad de México demuestra que invertir en transporte colectivo eléctrico es una estrategia eficaz tanto para combatir el cambio climático como para mejorar la calidad de vida urbana. Finalmente, pensar en los trenes de pasajeros como parte de una red interconectada que incluya a la Ciudad de México requiere una reflexión conjunta entre autoridades locales y federales. Integrar tecnologías limpias, priorizar el transporte colectivo y reducir la dependencia del automóvil son acciones indispensables para construir ciudades más saludables, resilientes y socialmente equitativas frente al desafío climático.