¡Un Mundial de ensueño!

9 de Julio de 2026

¡Un Mundial de ensueño!

Enrique Lazcano

Augusto “Tito” Monterroso, poeta guatemalteco avecindado en México, escribió hace más de 60 años lo que la literatura latinoamericana ha calificado como el cuento más breve: “Y cuando despertó, el dinosaurio seguía ahí.”

El escrito en cuestión podría tener muchas lecturas y aplicarse a muy variadas circunstancias.

México terminó, hace apenas cuatro días, su participación en la Copa Mundial de Futbol. Lo sucedido en la cancha tendrá una y mil explicaciones. Tendrá el concurso de los expertos y de quienes sienten serlo. Sin embargo, y más allá de encontrar el motivo por el cual no podemos llegar al sexto partido, el resultado nos deja lecciones imperdibles.

Comprobamos, una vez más, nuestra capacidad para realizar grandes eventos. Confirmamos que el pueblo de México es un extraordinario anfitrión y comprobamos, también, que tenemos una de las mejores aficiones del mundo.

Los eventos deportivos de escala internacional suelen arrojar números rojos a las naciones que los organizan. Este Mundial compartió responsabilidades con otras dos naciones, lo que viene a comprobar que el modelo de negocio de la FIFA, al otorgar la sede a varios países, ha resultado exitoso.

Es momento, toda vez que la emoción por el seleccionado nacional ha quedado concluida, de voltear a ver con objetividad nuestra realidad. Tiempo habrá, y será tarea para los sociólogos o antropólogos, calificar el comportamiento de la sociedad ante los triunfos de nuestro representativo. Acaso la falta de motivos para una celebración nacional nos llevó a la hipereuforia durante un evento como este.

Y nada.

Al día siguiente del encuentro contra la selección de Inglaterra el ánimo de los aficionados despertó a la realidad, a la cotidianidad, a la rutina diaria y, con ello, a la información de costumbre: señalamientos de Estados Unidos a México; señalamientos de México a Estados Unidos; ejecuciones, actos de corrupción, desapariciones… y un montón de noticias que nos regresan a la realidad.

¡Gracias! Gracias, muchachos, por habernos regalado momentos de ilusión, de orgullo y de satisfacción. Gracias por recordarnos que los mexicanos podemos ser lo que queramos. Solo nos falta proponérnoslo.

Gracias, finalmente, por hacernos soñar.

Aunque, al despertar… el dinosaurio seguía ahí.