A minutos de la inauguración del Mundial 2026, las redes sociales ya estaban inundadas con teorías de conspiración y contenidos que ofrecen los argumentos más insólitos: ¿es Belinda una Illuminati?, ¿se eligió a la Ciudad de México por su historial de sacrificios humanos?, ¿la Copa Mundial es un símbolo satánico?, ¿es Shakira la Ramera de Babilonia?
Vivimos una época en que se valen todas las preguntas. Cuestionar la realidad se ha vuelto imperativo, sobre todo cuando el statu quo no le conviene a ciertos grupos de poder y, al mismo tiempo, no hace feliz a una gran mayoría. Pero también hay que poner límites y hacer preguntas más realistas. Por ejemplo, ¿por qué aquellos que más critican la situación actual del país están sentados en plazas de más de 15 mil pesos en el Estadio Ciudad de México? La realidad sigue superando cualquier ficción.
Para colmo, los extraterrestres son el tema que actualmente domina la conversación en Estados Unidos (la otra sede del Mundial). ¿Cuántas veces vamos a escuchar hablar de esto como un distractor de los temas que realmente importan? Prácticamente desde que tengo memoria, he visto a políticos, medios de comunicación y productores de Hollywood aliarse para empujar esta temática cuando la situación mundial se pone difícil.
En este contexto, llega a cines El día de la revelación (Disclosure Day), la más reciente película del director Steven Spielberg que abona al montón de especulaciones de su amplio catálogo de ciencia ficción. Incluso, podríamos decir que, durante muchos años, Spielberg fue el amo de las teorías de conspiración y que esta película ha llegado justo en el momento en el que Trump juega con la idea de liberar archivos secretos sobre vida en otros planetas.
Primero fue Encuentros cercanos del tercer tipo, luego fue E.T. El extraterrestre y más tarde A.I. (Inteligencia Artificial), pero más allá de la ciencia ficción, gran parte de la obra de Spielberg consiste en propagar anécdotas, leyendas y otros enigmas que han atrapado la imaginación de nuestra sociedad desde antes de que llegaran al cine. El día de la revelación, sin embargo, ha resultado decepcionante para muchos, casi tanto como los archivos que ya publicó el Pentágono y la parodia en que resultó el sitio Aliens.gov de Trump, confirmando así el tema extraterrestre como el distractor por excelencia.
Yo propongo darle otro enfoque. ¿Será posible que una parte del público está reaccionando mal con esta película porque en tiempos de posverdad ya nadie está dispuesto a aceptar una verdad absoluta? La trama presenta varios argumentos que podríamos (o no) tomar como verdades, y uno de ellos es la posibilidad de que la empatía sea la virtud que define al ser humano. Pero, ante la polarización que hoy se vive, esta simple sugerencia no solamente suena cursi, sino que seguramente ofenderá la inteligencia de varios.
La película también pregunta si la raza humana estará lista para un día en que se revelen grandes verdades, pero varias veces responde que no, que algo así sólo provocaría un gran caos, y que la gente no quiere verdades incómodas porque es más fácil aceptar las mentiras. Consciente de ello, Spielberg deja un final abierto, y a juzgar por las reacciones del público, no estaba tan equivocado. Mientras la vida real nos siga negando las respuestas, el único refugio de los creyentes será la ficción.