En Mexicali continúa el proceso en contra de Roxana “N”, la madre del niño Vicente, quien murió a los 3 años de edad por un golpe de calor tras permanecer encerrado en una camioneta más de 12 horas. El repudio de la sociedad se ha dejado sentir, exigiendo castigo para esta mujer que provocó la muerte de su hijo al encontrarse en estado de ebriedad.
Noticias como esta y la de Erika María “N”, la suegra que asesinó a su nuera en Polanco, acaparan las noticias en la actualidad y son algunos ejemplos de violencia doméstica que atrapan nuestra imaginación y nos ponen en estado de alerta, quizá por sentirlos demasiado cercanos.
En el caso del niño Vicente, no deja de sorprender la reacción de algunos manifestantes que se reunieron al exterior del Centro de Justicia Penal, convocados por Juan Carlos Meza Beltrán, padre del menor. Tal escena es como ver a una turba exigiendo la quema de una bruja, pues independientemente de las responsabilidades que se le imputen a Roxana, la falta de empatía hacia cualquier madre es alarmante.
Lo que le sucedió a esta mujer podría ocurrirle a cualquier persona. Es terrible, sí, pero también es bastante común. Nadie quiere ser percibido como un padre irresponsable, capaz de provocar la muerte de su propio hijo, pero señalar a los demás tampoco parece justo. Las circunstancias de la muerte del niño Vicente apuntan más a la negligencia parental que a un homicidio doloso.
Recientemente, una película eslovaca contó esta misma historia. Otec (Father), de la directora Tereza Nvotová, fue la apuesta de Eslovaquia en la categoría de Mejor Largometraje Internacional para la entrega del Oscar de 2026. Lo que ahí se muestra es prácticamente el caso de Roxana, pero trasladado a la figura del padre, quien vive una situación de estrés económico y laboral que lo pone en modo de “piloto automático” y provoca que olvide a su hija dentro de un automóvil.
Este fenómeno es conocido como “Síndrome del bebé olvidado” (SBO), un concepto que se utiliza en psicología forense y en neurociencia para explicar tragedias vehiculares excepcionales. La defensa de Roxana busca usar este recurso jurídico para demostrar que la muerte de Vicente no fue una negligencia consciente sino un error humano.
En el cine hay muchas historias que hablan de negligencia parental, esa que puede incluso provocar la muerte de menores de edad. La película de 1988, Un llanto en la oscuridad, protagonizada por Meryl Streep, cuenta un caso real en Australia, cuando la opinión pública acusó a Lindy Chamberlain de asesinar a su propio bebé, pero en realidad se lo robó un dingo durante un campamento en Ayers Rock.
Quizá lo más interesante de estas películas no es el evidente morbo que provocan, sino cómo retratan la manera en que estas familias tienen que sobreponerse a la tragedia. En el caso de Otec, cómo puede una pareja continuar su matrimonio y tratar de salvar esa relación frente a las miradas acusadoras, incluso de amigos y familia. Algo similar sucede en Anticristo (2009) de Lars Von Trier, donde una pareja desciende a un literal infierno tras la muerte accidental de su hijo, consumidos por el dolor y la culpa.
Aunque, para una mirada mucho más compasiva y empática, el documental Death of a Child (2017) explora las historias de padres que han sufrido este trauma y muestra cómo se enfrentan a su propia culpa, en medio de largas batallas legales y la ira del ojo público. Perder a un hijo tiene que ser una de las peores cosas imaginables, pero encima cargar con el odio de la gente debe ser insoportable para cualquiera.