En la historia de los países hay momentos en los que “las estrellas se alinean” y se presentan oportunidades únicas de crecimiento y desarrollo económico. Los catalizadores de este desarrollo pueden ser varios: el descubrimiento de un recurso natural valioso, como ha sido el petróleo; o una coyuntura geopolítica, como cuando España se integró a la Comunidad Europea y tuvo acceso a fondos y subsidios para inversiones muy importantes en infraestructuras. Sea el caso que sea, un requisito indispensable para que se materialice este crecimiento económico es que los países, y en particular sus líderes, sepan identificar y explotar la oportunidad que se les presenta.
Hoy, México tiene ante si una de estas oportunidades únicas, resultado de una crisis en el modelo de globalización económica. Me explico. Un factor clave de la globalización es el movimiento internacional de bienes y servicios que permite a una empresa trasladar parte de sus procesos de producción a regiones lejanas donde se beneficia de costos de producción más baratos.
Un ejemplo claro son las empresas automotrices. Un vehículo ensamblado en México contiene partes que provienen de Estados Unidos, Sudamérica, Europa y Asia. Pues bien, la pandemia provocada por el virus Covid-19 ocasionó que países y regiones cerraran sus fronteras y que fábricas por todo el mundo suspendieran temporalmente sus operaciones. Todo esto rompió la compleja red de logística que se necesita para hacer posible el sistema de producción global conocido como just in time o justo a tiempo. El resultado fue el desabasto de varios productos y aumentos en los costos de producción.
Este fenómeno ha hecho que países y empresas reevalúen sus procesos de producción para incorporar este riesgo, iniciando un proceso de “acercamiento” de sus cadenas de abasto consideradas críticas o estratégicas. En las últimas semanas, el gobierno de Estados Unidos ha manifestado su interés en reconstruir sus cadenas de abasto para asegurar el suministro de bienes y servicios desde su país o desde aliados cercanos. El objetivo es asegurar que el flujo de bienes esenciales para su país se pueda adaptar rápidamente a futuros retos causados por conflictos políticos, eventos climáticos o crisis sanitarias.
México se encuentra en una posición inmejorable para aprovechar esta tendencia. En 2021, el costo de enviar un contenedor desde China hacia Estados Unidos se multiplicó por cuatro a cerca de 20 mil dólares. Mover el mismo contener desde Monterrey a Texas en camión tiene un costo menor a mil dólares. México cuenta con cerca de tres mil kilómetros de frontera con la economía más grande del mundo y con mano de obra calificada y a un costo competitivo. El potencial para desarrollar nuevos parques industriales, captar inversión extranjera, atraer tecnología de punta y generar empleo formal bien remunerado es enorme.
Desafortunadamente, en lugar de buscar un acercamiento con los Estados Unidos para explotar esta oportunidad, las acciones tomadas por el Gobierno de México, y particularmente por nuestro Presidente, van en el sentido opuesto. AMLO se ha empeñado en desgastar absurda e innecesariamente la relación con nuestro principal socio comercial. Desde las iniciativas en el sector energético que ponen en cuestión el estado de derecho y la aplicación de la ley en nuestro país hasta la negativa de asistir a la Cumbre de las Américas organizada por el Presidente Joe Biden en Los Ángeles este mes de junio.
La oportunidad histórica para potenciar el crecimiento y desarrollo económico está puesta sobre la mesa. ¿Querrá AMLO aprovecharla en beneficio de los mexicanos o la dejará pasar?