Reconstrucción y prevención civil

21 de Junio de 2024

Luis M Cruz
Luis M Cruz

Reconstrucción y prevención civil

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1.

El huracán Otis tomó por sorpresa a todos, incluso a los meteorólogos quienes preveían un fuerte temporal y de repente, en cuestión de horas, pasó a clase 5, cuando prácticamente no se podía hacer nada más que sufrirlo. Normalmente, prepararse para un huracán así toma cuando menos tres días, para en una lógica de protección civil, establecer un centro de mando in situ, movilizar al personal de apoyo, evacuar la población a sitios seguros, prevenir el arribo de turistas, proteger comunicaciones, vitrales y fachadas, proveer seguridad y centros de abastecimiento. Cuando sólo se tienen algunas horas, es muy poco lo que puede hacerse y si prevalece la incapacidad pública, mucho menos. Tal es lo que sucedió en Acapulco y región aledaña, que fueron prácticamente arrasados.

2.

Si bien las pérdidas humanas fueron del orden de 60, hay cientos de miles de damnificados e incuantificables afectaciones materiales. La comunicación, electricidad y agua se perdieron de inmediato, se ha ido restableciendo y se recuperará en estos días. La seguridad de la población, debiendo haber sido la prioridad, desapareció y dio lugar a incontables saqueos y asaltos, si bien se está restableciendo, al igual que el abasto y remoción de escombros en las principales vialidades. Como suele suceder en México, la sociedad civil tomó en sus manos buena parte de la tarea principal. Las aseguradoras estiman entre 10 y 15 mil millones de dólares lo necesario para la reconstrucción y recuperación de la capacidad turística. Muchos de los inmuebles son rescatables, pero repararlos requiere una gran inversión pública y privada, además de que la temporada alta decembrina estará prácticamente perdida acumulando pérdidas, dicen, por 10 mil millones de pesos más. Si bien le va al turismo, la capacidad operativa estará restablecida para la temporada de Semana Santa.

3.

¿Y entretanto, qué? La población necesita ingresos, reparar las viviendas, contar con puestos de trabajo, con negocios que proporcionen bienes y servicios, la gran mayoría de los cuales son turísticos; es decir, se requiere un verdadero plan Marshall para levantar el empleo y la capacidad turística y vivencial del área afectada. Sin duda la solidaridad del país está con la región devastada pero algo que debe evitarse es

el lucrar políticamente con la tragedia. Mostrar disposición a reconstruir es lo necesario. En medio de la desgracia no caben las campañas, sobre todo porque, legalmente al menos, aún no las debiera haber. ¿Dónde estuvo el gobierno? ¿Moviendo corcholatas?

4.

Aún puede sacarse la espina ahora que se discute el Presupuesto de Egresos en la Cámara de Diputados, para asignar recursos extraordinarios a la reconstrucción en Guerrero, adicionales a cualquier planeación de concurrencia público-privada que se esté convocando. Como se ve, sí hay fideicomisos necesarios, con reservas de recursos para atender circunstancias extraordinarias. Tal era el Fondo Nacional de Prevención de Desastres, el desaparecido Fonden, que funcionaba a la par del Plan DN-III de la Sedena, en auxilio de la población afectada por desastres climáticos, telúricos y de todo tipo. Es la esencia de la prevención, estar siempre listos para enfrentar lo extraordinario. Es necesario recuperar el Fonden y hacerlo funcional para proteger y auxiliar a la población ante contingencias naturales que habrán de ser más frecuentes, dado el inexorable cambio climático que el planeta está experimentando.

5.

Hoy procede estar todos con Guerrero, es lo pertinente. Asignar recursos emergentes está bien. Contar con un Plan de Reconstrucción, también. Pero recuperar las estructuras de prevención es urgente. En la reconstrucción se puede proveer empleo a quienes tanto habrán de necesitarlo, pero es indispensable no bajar la guardia, pues, como vemos, la temporada de desastres nunca termina. Recuperemos nuestro sistema de prevención de desastres, recuperemos el Fonden.

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