Luis M Cruz

1.

 Conforme avanzan las estrategias de inmunización aplicadas por los diferentes países para contener y eventualmente erradicar el virus del Covid-19, es claro que no habrá soluciones mágicas ni imperecederas. En la reunión virtual del G20 realizada en días pasados, los países más ricos y los organismos multilaterales de la gobernanza mundial expusieron los casos y analizaron las perspectivas por venir. 

2.

 Es claro que ante el avance implacable de la pandemia, los primeros pasos fueron para atender las oleadas de contagio, que rebasaron con mucho las capacidades institucionales de los sistemas de salud, a la vez que los gobiernos apoyaron el esfuerzo de los laboratorios farmacéuticos para desarrollar vacunas de calidad y confiabilidad suficientes para inmunizar a la población. En esta carrera, que duró prácticamente un año, tuvieron éxito laboratorios como Pfizer-BioNtTech, Astra-Zeneca y la Universidad de Oxford, Moderna, Johnson&Johnson y eventualmente, Merck y otros; en el ámbito de los esfuerzos de gobierno, el caso de China con Cansino y Sinovac así como Rusia con Gamaleya/Sputnik han sido evidentes, pero sin traducción a una estrategia intensiva de inmunización universal como hubiera sido de esperar. China, por ejemplo, cuyo manejo indolente de los primeros días del coronavirus en Wuhan provocó la dispersión a todas partes, no ha puesto a disposición de la OMS la patente y producción de sus vacunas, participando en cambio en la lógica geopolítica de apoyos selectivos a ciertos países y no a otros. 

3.

 Ahora, recae en Estados Unidos y en la Unión Europea, fundamentalmente, aportar a la inmunización universal, porque es evidente, como subraya el Fondo Monetario Internacional, que la recuperación económica, ese rebote en el que se encuentra actualmente la economía mundial al reabrirse las actividades productivas y sociales por todas partes, será efímera si no va acompañada de la inmunización de rebaño, esto es, que 70% de la población mundial se hubiera inmunizado, sea por haber padecido la enfermedad o bien, por la vacunación. Es de recordarse sin duda el llamado “modelo sueco”, defenestrado hace un año, que proponía precisamente eso, alcanzar la inmunidad del 60 a 70% de la población mediante algún tipo de contagio selectivo, sin llegar al cierre draconiano de escuelas, factorías y espacios públicos como tuvo que hacerse en otros países. 

4.

 Actualmente, con la disponibilidad de vacunas existente, es una cuestión de financiamiento y de logística el alcanzar la inmunización universal. El FMI y el Banco Mundial consideran que habrán de necesitarse unos 50 mil millones de dólares para vacunar al 40% de la población mundial para finales de este año. Los países han avanzado a diferentes velocidades, pero los países más vulnerables son aquellos que menos lo hacen y hacia los cuales deberán dirigirse los esfuerzos para que a finales de 2022, 70% de la población mundial esté inmunizada. 

5.

 Ya los costos han sido enormes. El stop económico implicó la pérdida de 4 millones de vidas, 6% de reducción en el PIB mundial, algo así como 38 billones de dólares, afectando unos 200 millones de empleos que se llevaron la esperanza de poblaciones jóvenes, mujeres y eventuales. Con la recuperación de la confianza por la inmunización y la disponibilidad de vacunas, será posible que la recuperación económica mundial sea sostenible. Sin ello, la recuperación económica muy pronto puede devenir en una “W” si se baja la guardia. En México, se ha logrado vacunar a un 20% de la población, sobre todo a los grupos más vulnerables como son los adultos mayores de 50 años en adelante, los médicos del sector público y los maestros. Habrá que sublimarse en el esfuerzo y aportar al mismo tiempo a la solidaridad internacional en el mecanismo Covax de la ONU, para que la pandemia sea controlada efectivamente en todas partes en beneficio de todos.  

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