- El golpe mediático y político de la visita de Donald Trump al Presidente Peña tuvo el efecto de desviar la atención de otros temas de la política mexicana, en particular que se optara por informar en un deslucido conversatorio que no dejó ver cómo vamos en relación a qué, pero también del inminente envío del paquete económico del 2017 al Congreso, que se prevé realmente desesperanzador no sólo por el recorte de unos 300 mil millones de pesos sino también porque habrá de recoger el resultado de la política económica del sexenio: un crecimiento económico desacelerado, reformas con lento andar, elevada deuda pública (“ más allá de lo razonable” Carstens dixit), un peso devaluado en 45% en los últimos tres años y para colmo, la posibilidad de un choque geopolítico serio de triunfar Trump en las elecciones presidenciales norteamericanas. Pareciera haberse pasado del momento de México a las dudas sobre México, que es lo que están calificando con perspectiva negativa las corredurías externas.
- Ha trascendido que detrás de la visita de Trump estuvo el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, buscando construir un puente que evitara esa profecía autocumplible de una catástrofe económica para nuestro país si es que ganara las elecciones; de no construirse el puente, conforme se acercara el 8 de noviembre y se cerraran los números entre el impresentable magnate y Hillary (por ahora con un diferencial de sólo 5 puntos), los mercados podrían penalizar aún más los futuros de México, que no tiene ya los recursos petroleros como respaldo y las reservas internacionales están por debajo de la deuda externa, al contabilizar 177 mil 300 millones de dólares del débito, contra 176 mil 300 millones en las reservas.
- Había que asumir el riesgo ante Trump, razonaron en Hacienda, más allá del rechazo que motivan las posiciones antimexicanas del magnate norteamericano o del previsible desaire de Clinton; de alguna manera había que mostrar que se podría tratar con cualquier autoridad norteamericana que resulte electa, aún al precio de acentuar la mala percepción pública del gobierno.
- Al respecto, tan sólo en la sesión de instalación del Congreso se vivió una verdadera ordalía con los partidos de oposición, que juzgaron sumariamente el desempeño gubernamental: gasolinazos, elevación de tarifas de la energía eléctrica , la corrupción perceptible por todas partes, la ingente deuda pública, la tremenda devaluación , el débil crecimiento económico, la debacle petrolera, los exiguos resultados de las reformas estructurales, el sur en llamas contra la reforma educativa, los gobernadores impresentables (Borge, los Duartes, Medina, Padrés), la presunta violación de derechos humanos en Iguala, Tanhuato y Nochixtlán y, por supuesto, la anticlimática visita de Trump, que habría puesto la política exterior mexicana en las antípodas de los principios constitucionales de no intervención y autodeterminación de los pueblos.
- Lo que se vivió en San Lázaro, en palabras del diputado independiente Manuel J. Clouthier, es reflejo del “encabronamiento colectivo” prevaleciente en la sociedad, del que dan cuenta con números menguantes para el partido gobernante las encuestas previas en la carrera hacia 2018.