Las migrañas del corazón

31 de Agosto de 2025

Rebeca Pal

Las migrañas del corazón

Queridos lectores, quiero que sepan que este será un artículo muy personal y diferente a los que he escrito anteriormente. Hoy, en especial, lo escribo sin inspiración y siendo lo más sincera que puedo ser. Estos últimos meses han sido meses de mucha reflexión por situaciones que se han presentado en mi vida. No han sido situaciones fáciles; en general este año ha sido un año de muchos cambios y algunos muy inoportunos. Algunas vendas se me cayeron de los ojos y vi una verdad que no conocía y el encuentro fue algo doloroso. Durante estos eventos ha sido inevitable que las dudas me ataquen y, que algunas, me quiten el sueño.

Hoy quiero compartirles algunas de las preguntas que me hago en la madrugada, cuando el insomnio se mete en mi cama y me cubre con el peso de las sábanas que me funden en un calor que me agobia.

¿Por qué aprendí a preguntar con miedo y a responder con la cabeza baja?

¿Por qué no me enseñé a amar sin consecuencias?

¿Por qué opté por seguir lo que dicen los demás y no lo que me pide el corazón?

¿Por qué me mentí con los finales felices?

¿Por qué me dijeron que la escuela es básica y necesaria, pero no pasó lo mismo con la educación? “Prohibido pisar el césped… ¿Y la dignidad no?” Mafalda.

¿Por qué no me enseñaron que las primeras veces no son perfectas? Es el tiempo lo que hace que todo tenga un lugar especial.

¿Por qué me dejé convencer de que el arte es un oficio de pobres, para satisfacer el gusto de los ricos?

¿Por qué ahora me da vergüenza bailar?

¿Por qué empecé a ser introvertida con mis sentimientos?

¿Por qué es mal visto sentir tristeza?

¿Por qué es incorrecto no querer embarazarse y ser mamá?

¿Por qué no aprendí a ver primero lo positivo y después lo negativo?

¿Por qué no mostré gratitud en momentos de oportunidad?

¿La infidelidad se debe perdonar? Y si soy infiel, ¿me podría perdonar?

¿Realmente se puede confiar en las secretarias?

Un “te quiero”, ¿puede ser para siempre?

¿La felicidad es efímera o somos nosotros quienes la hacemos efímera?

¿Le podré quitar los “peros” a la vida, que es tan maravillosa?

¿Algún día lograré ver un atardecer sin sentir nostalgia y podré cruzar un puente sin suspirar?

¿Podré seguir escribiendo y vivir de esto?

¿Por qué me cuesta tanto trabajo creer en mí?

¿Algún día dejaré de sentir vergüenza de mí misma?

Las migrañas que tengo en el corazón, ¿algún día se irán?

Hoy, después de hacerme estas preguntas por tanto tiempo, llego a la conclusión de que me falta un pedacito. Ese pedacito para sentirme completa, para sentirme anclada a la tierra y a la vida. Creo que los colores se pierden y las tonalidades de gris son más grises cuando falta ese pedacito. Puede que sea una faceta de ingratitud, de ideales fallidos que me hicieron creer que merecía más cuando obtuve menos. ¿Qué es menos y qué es más?

Ese pedacito de luz… me pregunto en dónde estará y cuándo volverá. Y mientras vuelve, me pregunto si estos vacíos serán para siempre. Porque para siempre es mucho tiempo y no creo durar tanto… espero.

Bendita sea la tristeza, que sin ella nunca habría aprendido a valorar la felicidad.