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Bet Birai Nieto

Escritora, reintegrada cafetera, gracias al diagnóstico de un endocrinólogo, y apasionada de la comida, la lingüista decidió cambiar la ingeniería en computación por la lingüística y encontró su vocación por caminos un poco sinuosos, de cuyo tránsito no se arrepiente, pues es quizá la parte más matemática y estructurada de las letras.

Pilar supo hacer una empresa a partir de darle un giro lúdico a las letras, su uso y significado, y ahora asegura que desde internet ha comenzado una revolución natural en la lengua española, tal como sucedió con las lenguas romances después de la conquista del Imperio Romano en los pueblos de Europa. (728 c)

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¿Crees que el gusto por la comida también puede devenir en un vicio?

—Es uno de mis placeres. De niña comía como adulto: entremés, sopa, guisado. Se impactaba mi papá porque comía todos los tiempos y de todo, y no le hacía feo a nada, nunca tuve un remilgo, excepto la mayonesa de botella y la leche. De lo que sí soy amante es de las tortas frías de miscelánea. Me conozco todas las de la Ciudad de México, las tengo localizadísimas.

Y dentro de ese universo de las tortas de miscelánea, ¿cuáles son tus favoritas?, ¿cuáles nos recomiendas?

—Hay unas que están en Torres Adalid. Te vas sobre esa calle y González de Cosío, casi llegando a Insurgentes. Se llama Abarrotes La Universal, hay de jamón, queso y queso de puerco, no hay más.  Son deliciosas. Hay unas que están en la colonia Florida, se llaman La Cabaña. No tienen abuela de lo buenas que están.

¿Y del café?

—Soy súper cafetera, tomo café todos los días. Yo no podía tomar café, me dejaba sin dormir y me ponía muy nerviosa, pero a partir de que comencé a tomar prozac, hace siete años, me calmé y pude tomar café, ahora me echo cuatro o cinco tazas.

Cuándo eras niña, ¿qué caricaturas te gustaban?

—Es interesante, yo no veía tele. Me acuerdo que en casa todo mundo veía tele y esas caricaturas como “Don Gato”, “Aquaman”, “Ahí viene Cascarrabias”, “Señorita Cometa”, “Batman”, muchísimas cosas que pasaban todo el tiempo, pero yo sólo la veía un ratito y me iba. Soy un poco impaciente para la tele.

¿De niña imaginabas que te dedicarías a esto?

—Fui una niña que leía, crecida en los años 70 y 80; obviamente en ese entonces la única manera de conocer estaba en la tele, que era muy pobre, vivíamos bajo la dictadura del Canal 5, y era ver eso o nada… y los libros. Me gustaban las plumas y el papel, el lápiz. Una vez, los Reyes Magos me trajeron muchos cuadernos, blocs y colores. Me acuerdo que fue el mejor regalo de la vida; además me robaba las formas del banco para poder usar sellos de goma, quizá me gustaba esa parte de la escritura, sí, y que escribía cuentos de chica, también.

En una
palabra:

Madre
La mejor

Hijos Responsabilidad

Alcohol y puros Deliciosos

Chile
Más delicioso

Moda
Me encanta

Hedonismo
Lo mío

Algarabía Felicidad

¿Eso quiere decir que en tu caso infancia sí es destino?

Sí, infancia sí es destino. Me gustaba dar clases  en el sentido de que ponía las botellas de refresco de vidrio de tamaño familiar, las formaba y esos eran mis alumnos. Me gustaba dar clases y me gustaba saber cosas, pero no me imaginaba nunca que eso iba a ser mi modus vivendi.

¿Cómo llegaste a la lingüística?

—Elegí la carrera de ingeniería en sistemas, hice mi examen, pero tuve un accidente y no pude entrar. Estuve seis meses en el hospital. Cuando salí, una amiga me dijo: “Mientras entras a la carrera, vente conmigo a la Ibero a estudiar Letras” y me gustó; después, estudié en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, porque Javier Sicilia, el poeta que es mi tío, me aconsejó que debía ser en la UNAM. Encontré mi vocación por caminos un poco sinuosos. No me arrepiento de haber estudiado Letras y Lingüística, que es quizá la parte más matemática y estructurada de las Letras.

¿La lingüística es el álgebra del español?

—Sí, del español, del inglés o de cualquier lengua.  ¿Te acuerdas de los arbolitos que nos hacían hacer en clase de español con sujeto, verbo, predicado, objeto directo? Eso es una estructura mental de cómo están organizados los elementos oracionales trabajando unos con otros.

Los libros que han hecho tú y tu equipo, como El Pendejonario, El Chingonario, El Cabulario, ¿muestran a la lengua como tendría que verse…?

—No es que hayamos querido hacer negocios de las groserías, las buenas o malas palabras no existen per se. Responden a un fenómeno llamado tabú lingüístico, que consiste en cuatro ámbitos de la cultura que no queremos oír: enfermedad, muerte, sexo y religión.

En la enfermedad, por ejemplo, la persona está “muy delicada” de salud. Otro tabú es la muerte: “ya se nos adelantó”, “el finado”. Luego están las partes del cuerpo que no podemos decir y que tienen que ver con el sexo: chingar, coger, pendejo —que es un vello púbico— yse transforman en palabras ofensivas e insultos. Y después, todo lo que tiene que ver con la religión: nosotros no podemos expresarnos como los españoles que dicen “me cago en la Virgen” o “me cago en Dios”.

Estas malas palabras, como chingar, es la forma que tenemos de transgredir y de hacer catarsis y por eso han tenido éxito con los libros, porque la gente se siente identificada y porque así lo hacemos diariamente.

¿Crees que estamos viviendo un vertiginoso cambio de la lengua con el internet?

No más que en otra época. Todos los pueblos europeos que hablaban lenguas diferentes, excepto los vascos, cuando llegó el Imperio Romano empezaron a hablar latín, y se unificaron, después vino una escisión y de ahí cada uno habló con un latín diferente, que resultaron en las lenguas romances. Estamos en una época de globalización, cada vez hablamos menos en nuestra lengua y más en la misma lengua.

El internet sí ayuda a que haya más homogeneidad en la forma de hablar, pero propicia que todos hablen la misma lengua como forwardear, el tuit, y hace que cada persona sea más libre de inventar sus propias maneras de escribir porque me doy más chance.

En Expreso de Cabaret, la escritoria Pilar Montes de Oca Sicilia from EjeCentralVideos on Vimeo.

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