Un fracaso, combate a corrupción: Iglesia
Asegura que van "tres años perdidos en los laberintos de las palabras"
La Arquidiócesis de México calificó como fracaso los sistemas y medidas anticorrupción propuestos por diferentes administraciones presidenciales en México.
“Puros refraneros populistas, cartas demagógicas que consumieron tal cantidad de recursos presupuestales, fincando elefantes blancos que nunca arrojaron resultados contundentes contra la corrupción y malas prácticas en el ejercicio del poder público”, expresó en la editorial del semanario “Desde la Fe” la Iglesia mexicana.
Recordó que en el 2000, el gobierno del Partido Acción Nacional (PAN) enarboló una cruzada para acabar con “tepocatas” y “víboras prietas”, pero “las alimañas emergieron de los escondrijos y se enriquecieron indecentemente. Las contralorías cambiaron de nombre e integraron entidades de la administración pública federal que, en un momento, quedaron en el limbo jurídico. Como en la alternancia, el regreso del partido ausente de la Presidencia por 12 años, hizo lo que sus predecesores: el juramento inmaculado de cero tolerancia contra la corrupción y barrer la casa para mostrar las manos limpias. Ahora toca el turno al Sistema Anticorrupción con fiscales independientes”. En la editorial titulada Un pecado aberrante, la Arquidiócesis enfatizó que la primera parte del sexenio quedó en la parálisis: tres años perdidos en los laberintos de las palabras, discusiones y congeladoras, mientras la Secretaría de Función Pública (SFP) fue reducida a simple entidad receptora de trámites y contratista, con un encargado de despacho, aunque con sueldo de Secretario de Estado. “Tres años convulsos por los escándalos de corrupción, melodramas mediáticos y resistencias por mostrar la cara impávida del “yo no fui”; las inercias condujeron a la reinstalación de un Secretario de la Función Pública que sentenció lo predecible, nadie es culpable, todos están exentos de responsabilidad, al fin juez y parte”, señaló.
Advirtió en su editorial que las presiones vienen del exterior a la clase política por acelerar lo que candidatos prometieron a cambio del voto en 2012 y 2015.