Desde que estalló el escándalo por el congelamiento preventivo de cuentas bancarias vinculadas al entorno político de Sinaloa, el senador morenista Enrique Inzunza ha reducido drásticamente su presencia pública institucional.
No se ha presentado en el Senado. No ha encabezado posicionamientos amplios. No ha enfrentado preguntas directas sobre un caso que ya dejó de ser local para convertirse en un problema político nacional e internacional.
Y mientras su ausencia crece, también crece el tamaño del escándalo.
La Unidad de Inteligencia Financiera confirmó este fin de semana que analiza información relacionada con personas políticamente expuestas de Sinaloa, luego de alertas emitidas por instituciones financieras vinculadas a investigaciones abiertas en Estados Unidos.
Entre los nombres mencionados públicamente aparece el de Enrique Inzunza, senador de Morena y uno de los operadores políticos más cercanos al grupo de Rubén Rocha Moya.
La precisión jurídica importa: la UIF sostiene que no existe una determinación definitiva ni una acusación penal automática derivada del bloqueo preventivo. Pero políticamente, el impacto ya ocurrió.
Porque el problema ya no es solamente financiero.
Es institucional.
En cualquier democracia sólida, un senador mencionado en mecanismos de alertamiento bancario asociados a investigaciones internacionales habría salido de inmediato a explicar, responder y defenderse públicamente.
Inzunza eligió otra ruta: el silencio institucional y la actividad digital controlada.
Este fin de semana publicó mensajes en redes sociales intentando mantener normalidad política mientras evita aparecer públicamente ante cuestionamientos directos. Y esa imagen la del político activo en redes pero ausente en el Congreso resume buena parte de la crisis.
No es un detalle menor.
El Senado representa exposición pública y rendición de cuentas. Las redes sociales permiten administrar narrativa.
Morena enfrenta aquí uno de sus momentos más incómodos. Durante años construyó un discurso basado en la separación entre el viejo régimen y una nueva clase política supuestamente distante de la corrupción y de cualquier vínculo criminal.
Ahora, el nombre de uno de sus senadores aparece dentro de los señalamientos presentados por autoridades estadounidenses contra funcionarios sinaloenses por presuntos vínculos con estructuras del narcotráfico.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido en que no se protegerá a nadie y que las medidas derivan de protocolos preventivos del sistema financiero.
Pero la pregunta política sigue intacta.
Si todo puede explicarse, ¿por qué el senador evita aparecer?
Porque en política, a veces la ausencia también comunica.
Y hoy, el silencio de Enrique Inzunza ya ocupa más espacio que cualquier declaración.