FOTO: MARIO JASSO /CUARTOSCURO.COM

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Tomás de la Rosa y María Idalia Gómez

Arturo Herrera es uno de esos hombres que a primera vista puede caer mal, porque parece seco y hosco, pero sólo es la primera impresión. En realidad es bromista y su sonrisa es profunda.

Es un secretario de Hacienda al que le gusta la música, en especial el Jazz, y un trompetista en particular, Wynton Marsalis. Su gusto por la buena música y un poco la bohemia, al parecer lo aprendió de un hombre que influyó mucho en su vida personal, casi como un padre, y profesional, el periodista Miguel Ángel Granados Chapa. Su gran afición lo llevó a elegir Nueva York para su doctorado, en donde pasó ocho años estudiando y dando clases, lo que acompasaba recorriendo los lugares de música en vivo.

Las personas que lo conocen saben que es un hombre estudioso, dedicado y muy acertado en su trabajo, además de llevar una vida muy tranquila. Aunque no forma parte de los círculos cercanos de Andrés Manuel López Obrador, lo ha acompañado desde hace casi 20 años.

Los retos 

Se ha especializado en inversiones, deudas y gasto. Además, su trabajo en el Banco Mundial le permitió conoce el lenguaje y los mecanismos de los mercados financieros internacionales, es por eso que se recibió bien su designación como Secretario de Hacienda. Y no sólo eso, aseguran que tiene mayor experiencia que los tres exsecretarios de Hacienda en el sexenio de Peña Nieto: Luis Videgaray, José Antonio González y José Antonio Meade. La única duda que han expresado los empresarios es en la libertad que dará López Obrador para el adecuado manejo de la hacienda pública.

“El nombramiento de Herrera manda señales positivas a los mercados, dada su experiencia y capacidad técnica en materia de políticas públicas. Lo que queda por definir es si este nombramiento contará con el apoyo necesario para el buen manejo de la política económica”, dijo el director del Departamento de Estudios Económicos de Citibanamex, Sergio Luna. 

Aunque para BBVA, el mayor reto que enfrentará Herrera, y por ende la confrontación con Nahle y Oropeza, es cambiar el modelo de negocio de Pemex, ya que de mantener el actual esquema que impide la coinversión entre el capital privado y Pemex en la producción petrolera (los llamados Farmouts), las finanzas públicas del país tendrán una significativa presión. 

En las manos de Herrera está el “upgrade” de Pemex o en su defecto la potencial pérdida del grado de inversión.

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