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1er. TIEMPO : Comienza la esquizofrenia. Los odios no son de generación espontánea ni son hereditarios. Se puede llegar a él por varias vías, como el despecho, una diferencia que escala de la razón a la pasión o por un coraje descontrolado. No hay tiempo de maduración y depende en buena medida de cómo lo procesa quien va a odiar. En el caso del odio de Donald Trump contra México, su maduración fue de un año, desde mayo de 2014 cuando en un discurso en el Club Nacional de Prensa, en la calle 14 en Washington, cubrió de elogios a México por su desarrollo y capacidad para producir bienes de consumo, anticipando que se convertiría en “la nueva China”. El 16 de junio de 2015 en la Trump Tower en la 5ª. en Nueva York, su discurso fue totalmente opuesto cuando anunció su candidatura a la Presidencia. China, Japón y México se convirtieron en enemigos mortales de la economía de Estados Unidos, y la frontera sur, el paso de criminales. “¿Cuándo hemos derrotado a México en la frontera?”, preguntó Trump. “Se están riendo de nosotros, de nuestra estupidez. Ahora también nos están derrotando económicamente. No son nuestros amigos, créanme. Cuando nos envían a su gente no nos envían a los mejores. Nos mandan a los que tienen muchos problemas. Traen drogas, el crimen, son violadores”. México se convirtió en el eje de su discurso de odio que atrajo a millones de estadounidenses a votar por él y proyectarlo para la Casa Blanca. Antes de que pensara responderle el gobierno mexicano, el entonces secretario de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade, recibió un mensaje del Partido Republicano: no le contesten, es lo que él quiere; déjenos procesarlo nosotros. El gobierno mexicano obedeció y se calló. Pero cuando las críticas domésticas subieron de tono, ya no aguantaron más la presión pública. El presidente Enrique Peña Nieto, en una entrevista por televisión en enero, lo comparó con Adolfo Hitler y Benito Mussolini. Se fueron al quid pro quo con Trump, cuando sus motivaciones por el cambio radical de posición, no nacían en la ideología ni el pragmatismo –en aquél momento cuando menos-, sino en pasarle cuentas a México donde poco antes había perdido la posibilidad de hacer negocios inmobiliarios y de casinos.

2º. TIEMPO: Rosarito y Cozumel, las razones del rencor. Cuando uno viaja por la autopista panorámica de Tijuana a Ensenada pasa por Rosarito, donde se ve un edificio en obra gris, abandonado, que mira desolado al mar. Es el Trump Ocean Resort Baja, un condominio de lujo con albercas y canchas de tenis de 50 millones de dólares de la empresa inmobiliaria de Donald Trump y la compañía Irongate. Él no le había invertido mucho dinero pero, ambicioso, cobró por prestar su franquicia a cambio de dividendos. Irongate, sin embargo, defraudó a los estadounidenses que habían adquirido sus departamentos y 190 de los compradores los demandaron en 2008. Fue un largo pleito en tribunales donde fue perdiendo todas las instancias. Los abogados de Trump pelearon en las cortes mexicanas donde les pidieron los jueces, que por un fallo a favor para que ya no pagara la multa de 7.5 millones de dólares, les tenían que dar una comisión. La respuesta fue una demanda contra los jueces que fue congelada para siempre en el escritorio del entonces presidente de la Suprema Corte, Guillermo Ortiz Mayagoitia. Fue el primer encuentro de Trump con la justicia mexicana. El magnate neoyorquino quería entrar a los casinos, que no pudo en Baja California y que intentó después en Quintana Roo, cuando se empezaron a mover las aguas para legalizarlos en la Riviera Maya. La punta de lanza para ese nuevo proyecto fue Punta Arrecifes Resorts, pensado para Cozumel, en 2011. Con todo listo, al año siguiente la Profepa cambió el estatus del terreno donde se levantaría la obra y la decretó como un área natural protegida. Se volvió a ir a tribunales y envió a sus hijos a resolver el tema con el Poder Judicial que, para resolver a su favor, le pidieron 10 millones de dólares. Trump volvió a explotar cuando finalmente en 2014 entendió que por la vía legal nunca arreglaría sus problemas con México. El dinero se esfumaría. Lo único que le quedaba era desprestigiar a México, a los mexicanos, a sus autoridades y a todo lo que fuera tricolor. La venganza sería pública, mediática. La corrupción y un país donde la ley no se respeta, sería uno de sus motores de campaña presidencial.

3er. TIEMPO: Trump se pasó de tueste. El mensaje de Donald Trump desde el inicio de su campaña presidencial, fue claro. “Tengo una demanda en el corrupto sistema judicial que gané y que, hasta ahora, no he podido cobrar”. Ese mensaje no fue en un discurso o en una reunión privada. Trump lo colocó en su cuenta de Twitter cuya acusación al Poder Judicial mexicano nunca fue negada; ni siquiera respondida. La forma como se procesó el discurso de Trump fue electorero, aunque el tono y la profundidad de sus acusaciones se fue elevando hasta establecer los ejes sobre los cuales giraría en junio del año pasado, cuando anunció que buscaría la Casa Blanca. La consistencia de Trump contra México y su gobierno ha sido asombrosa, si uno la mide a partir de su línea de tiempo en Twitter. Por ejemplo, el 14 de octubre de 2014, dijo: “La lucha contra el Estado Islámico está en nuestra frontera. Cuando menos 10 miembros del Estados Islámico han sido atrapados cruzando la frontera con México”. El 30 de marzo de 2015, acusó: “La frontera está totalmente abierta para cárteles de la droga y terroristas”. Días antes, el 5 de marzo, disparó: “¡El sistema judicial mexicano es corrupto! No quiero hacer nada con México salvo construir un muro impenetrable y parar a todos ellos para que dejen de robar a Estados Unidos”. Todo el discurso de odio que generó Trump en Estados Unidos contra mexicanos, tuvo como su inspiración los fallos judiciales en México y la posibilidad de que, en efecto –la burra no era arisca-, le pidieran una comisión para que la ley se inclinara a su favor. Este tema de fondo nunca fue abordado por el gobierno de México, ni atacado su retórica incendiaria contra los mexicanos desde el punto de vista de un diferendo empresarial. Nada para matizar. Nada para dar puntos de referencia. Trump se fue contra México de manera impune. Luego no se entiende porqué, al estar en los Pinos este miércoles, la crítica contra el presidente Enrique Peña Nieto fue feroz por lo que se consideró un entreguismo con alguien quien, en el consenso nacional, debía de haber sido declarado, eternamente, persona non grata.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

twitter: @rivapa

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