Alejandro Alemán

¿Por qué nadie ha pedido la cancelación del cine de Martha Higareda? Si a Tarantino lo acusan (sin fundamentos) de ser un misógino en su cine, ¿por qué no pedir —bajo la misma lógica— la cancelación de las comedias románticas de Martha Higareda? Y es que, si a misoginia y machismo vamos, Higareda lleva por mucho la delantera a Tarantino y varios más.

La escritora, actriz y productora ha encontrado la fórmula de oro del taquillazo mexicano: comedias románticas simplonas, sin mayor riesgo, donde invariablemente la mujer se dibuja como víctima o eterna niña, cuyo valor va ligado a lo guapa que es y a su habilidad para encontrar marido.

Como prueba ahí están la gran mayoría de las comedias románticas que ha producido, pero para no ir lejos, esta semana estrena su más reciente cinta, Tod@s Caen (México, 2019), dirigida por el argentino Ariel Winograd.

En esta especie de remake a How to Lose a Guy in 10 Days (Petrie, 2003), Mia (Higareda) es una productora frustrada de televisión porque no encuentra un buen novio. Por ello crea una serie de “reglas” para cambiar los roles y así sean ellas las cazadoras y no la presa de los hombres. Una alta ejecutiva del canal escucha sobre su método y le propone a Mia darle un programa de televisión a cambio de que logre que un conocido mujeriego (Omar Chaparro) se enamore. 

El humor, ¡oh sorpresa!, es lamentable, y el guion es de una falta de imaginación absoluta (en México se estrena la misma comedia cada verano). La trama es plena en lugares comunes con algo de humor escatológico (cierta escena donde ambos protagonistas se vomitan el uno al otro) como para simular trasgresión.

Higareda no deja de perpetuar la idea de que la mujer no será feliz a menos que consiga un hombre y para ello hay que verse guapa y ser cabrona. Los diálogos del personaje de Mia son tan anacrónicos que una abuelita los encontraría retrógradas: “hazte del rogar”, “mantenlo intrigado”, “no te des a la primer cita”, y cuando el personaje va al gimnasio canta: “no más pantaletas de abuelita, quiero mis nalgas paraditas”.

Del personaje de Chaparro ni hablar: en sus diálogos se refiere a las mujeres como “viejas” o “sexo débil” y no falta el clásico “seguro anda en sus días”. 

Así, pues, no hay que ir tan lejos antes de pedir la cancelación de Tarantino, ahí tienen a Higareda, cuyo mayor pecado no es que haga cine tan malo, sino la contradicción de que en su cine no haya una sola mujer exitosa, inteligente e independiente como ella misma.

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