Simón Vargas

“La Navidad no se trata sólo de algo emotivo, sentimental; nos conmueve porque dice la realidad de lo que somos: somos un pueblo en camino, y a nuestro alrededor –y también dentro de nosotros– hay tinieblas y luces.”

Papa Francisco

Conforme se acerca diciembre, las compras se convierten en una carrera contra el tiempo y el presupuesto, y paradójicamente, mientras desciende la temperatura se elevan las muestras de amor y empatía al prójimo; poco a poco la certeza de que la Navidad está a punto de llegar se incrementa.

Esta conmemoración es una de las celebraciones más importantes del cristianismo y en ella se evoca el nacimiento de Jesucristo un 25 de diciembre en Belén; con el tiempo se ha convertido en una fecha que se espera durante todo el año, en un momento donde las molestias, las desavenencias, los conflictos, el resentimiento, incluso el odio y el rencor quedan relegados a segundo plano y se da paso a las reuniones en armonía, paz, reconciliación y perdón.

Es difícil encontrar las razones por las cuales al llegar diciembre nos sentimos más serenos y conscientes, con nuevas fuerzas e incluso más pacientes ante los problemas cotidianos; durante estas fechas percibimos el dolor ajeno y no somos indiferentes, nos convertimos en esa mejor versión de nosotros que anhelamos, nos transformamos en aquellos que renuevan ilusiones.

La Navidad continúa siendo un momento importante para la reflexión y la autoevaluación, para alimentar el espíritu y fijar nuevas metas, pero, sobre todo en un mundo donde la violencia, las agresiones y el egoísmo han comenzado a permear con más fuerza que nunca, el nacimiento de Jesucristo nos guía a recordar la empatía y el amor al prójimo.

Hoy vamos tan de prisa por la vida, inmersos en la tecnología y tan sujetos al individualismo que hemos comenzado a olvidar el detenernos y mirar a la persona de a lado, hemos empezado a dejar de comprender lo que sienten los demás, de entender sus necesidades y de percibir sus sentimientos.

Actualmente, la empatía se ha convertido en uno de los valores menos reconocidos, sin embargo, ésta es el comienzo del camino hacia la bondad y la compasión que tanta falta hacen en un mundo volátil e inconstante.

Ocupemos estas fechas no sólo para dejar de lado el resentimiento, el odio y el rencor, sino como punto de partida para dejarlo de lado, coloquemos en el pasado aquel daño provocado en nuestro ser y actuemos como bien se dice en Efesios 4:2 “Siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor”; porque convencido estoy que, si buscamos por unos instantes comprender el dolor personal de aquél que nos pide que lo escuchemos, cultivaremos relaciones basadas en la comunión y la fraternidad.

Sé que Navidad es el momento oportuno para hablar sobre la empatía y el amor, sobre aquellos valores que durante gran parte del año quedan ocultos, por eso no sólo conversemos de ellos en estas fechas sino a diario, perdonemos sin límites, tengamos como bien diría el Papa Francisco “ojos para ver al prójimo y corazón para querer su bien”.

Aún existen diversos problemas que nos aquejan como sociedad: la hambruna, la escases de agua, el racismo, la contaminación, las enfermedades, la pobreza y los conflictos bélicos, entre otros, y aunque parezca poco probable todos ellos podrían ser erradicados si pensáramos en el prójimo, si no sólo ayudáramos en diciembre, sino todo el año, si evitáramos juzgar comprendiendo que el infierno es individual y se vive de forma personal.

Deseo que esta conmemoración sirva para hacer un recuento tanto de metas cumplidas como las pendientes, pero sobre todo que seamos capaces de olvidar el ruido de la vida y que en silencio encontremos la voz del amor y la empatía. Que el espíritu de Jesucristo inunde nuestros corazones. Feliz Navidad.

*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación.

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