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Marco Antonio Aguilar

Decenas de pancartas y manos levantadas protestaron por la llegada del presidente de Estados Unidos, Donald Trump —primero a Dayton, Ohio, y luego a El Paso, Texas— donde ocurrieron ataques en los últimos cuatro días que provocaron la muerte de 32 personas y 60 heridos, la mayoría latinos.

Un letrero de fondo blanco pegado a una madera improvisada, hecho a prisa con plumón rojo, se levantó entre la multitud desde los brazos largos de una mujer de cabello blanco y tez clara, quien buscaba que el presidente Donald Trump leyera su mensaje: “su sangre está en tus manos”.

Trump llegó 80 horas después; tenía que ir a los sitios donde ocurrieron las recientes masacres, pues en las próximas elecciones intermedias el voto latino podrá definir espacios. 

Visitó a las 27 víctimas de Connor Betts, en Dayton, que permanecen internadas en el Miami Valley Hospital, mientras los vecinos exhibieron en protesta el “baby Trump” que rentaron.

Más tarde, Trump arribó a El Paso, ciudad fronteriza hasta la que el joven norteamericano, Patrick Crusius, manejó desde Allen y -en un Wal-Mart- disparó contra la gente que realizaba compras. Su meta: “matar tantos mexicanos como fuera posible”. En el lugar fallecieron 22 personas y 26 resultaron heridas, entre ellas ocho mexicanos perdieron la vida y seis continúan hospitalizados. El tercer tiroteo se registró en el Douglas Park de Chicago, donde un hombre disparó desde un vehículo, dejando siete personas heridas.

Al mismo tiempo, en otro estado, el de Mississippi, agentes del Servicio y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) efectuaron una redada en empresas procesadoras de alimentos  de siete ciudades, en donde fueron detenidos 680 trabajadores, la mayoría latinos y presuntamente ilegales.

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