Enrique Del Val

Uno de los principales temas que se debaten en casi todo el mundo es el de la desigualdad, ligada a lo que se ha denominado el “ascensor social” para reducirla. En un buen artículo en el periódico El País, Miguel A. García Vega señala, utilizando datos concretos, que el ascensor social no está funcionando y da como ejemplo que cualquier español que nazca en una familia con bajos ingresos tarda cuatro generaciones, es decir, 120 años, en conseguir un nivel de ingresos de clase media.

Otro estudio realizado por la OCDE en varios países demuestra claramente que en aquellos con una sociedad menos desigual y sobre todo más educada los tiempos se reducen sensiblemente, como los casos de Finlandia, Noruega, Suecia y Dinamarca, en donde sólo se requieren dos generaciones para lograrlo. Sin embargo, hay otros países que tardarían mucho más, como algunos latinoamericanos. Son los casos de Brasil, en donde se requerirían nueve generaciones, Colombia necesitaría 11 y México 10 generaciones, o sea ¡300 años!

Independientemente de la posibilidad real de comprobar estos datos a futuro, la media de los países de la OCDE es de cuatro generaciones. Ante el panorama de estancamiento económico que provoca que el “ascensor social” se detenga, hay muchas interrogantes y, desgraciadamente, se empieza a cuestionar si la educación juega en verdad un papel importante en el asunto.

Un problema central que hay que resolver de inmediato en la mayoría de los países, por no decir en todos, es la terrible desigualdad creciente en los ingresos, acompañada por una muy escasa movilidad, la denominada “curva del Gran Gatsby”, como bien recuerda el Sr. García Vega, del libro de F. Scott Fitzgerald. Fue un asesor de Obama, el economista Alan Krueger, quien denominó así al fenómeno de la baja movilidad social con elevada desigualdad.  

Pero como muchos decimos, el problema no es que el ascensor no funcione, sino que la desigualdad en el ingreso está aumentando exorbitantemente en todo el mundo y poco están haciendo los gobiernos para reducirla. Como bien dice el economista Branco Milanovic: “lo preocupante de una elevada inequidad es que fragmenta la sociedad y provoca un fenómeno de polarización” y, como atinadamente agrega García Vega, “prende el populismo”.

Una de las cosas que demuestran la importancia de la educación es que el estancamiento es generacional: si uno ha tenido padres poco educados lo más probable es que el hijo también tenga escasa educación y quede fuera del ascensor. Por eso es tan importante invertir en educación en todos los niveles, es decir, desde la inicial hasta la superior, y con la misma intensidad.

El nuevo gobierno de nuestro país tiene la oportunidad de hacer el gran cambio y mejorar el “ascensor social” si en verdad le interesa la educación y, sobre todo, si invierte en ella, cosa que desgraciadamente no estamos viendo suceder. 

En términos reales, el presupuesto destinado a la educación para el presente año fue similar al del ejercicio pasado o se redujo y, lo que es peor, se habla de un recorte hacia la mitad del presente año. Las perspectivas en materia de educación establecidas en los Pre-Criterios para 2020, enviados al H. Congreso de la Unión por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, son desilusionantes y dan una idea de la poca importancia que le conceden a este sector tan importante y que involucra a la población entera.

Si no se invierte crecientemente en educación, la desigualdad seguirá aumentando y los pobres serán cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos. Una película que ya hemos visto en pasados sexenios, con los resultados que hoy tenemos. Tal como se menciona arriba, si un mexicano es pobre en la actualidad, sus descendientes tardarán varias generaciones en llegar a la clase media, si no cambian las cosas. 

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