David Colmenares

Respecto a las finanzas estatales se ha dicho que han sido forzadas a subir impuestos locales. Al respecto ya comente hace una semana que se trata fundamentalmente de incrementos en algunos impuestos “al vicio”, a juegos y sorteos, casinos y ligeros aumentos en el impuesto al hospedaje, en pocos estados. Como sabemos el principal ingreso de libre disposición de los estados y municipios son las participaciones en impuestos federales, normada su operación en la Ley de Coordinación Fiscal, y se trata de recursos distribuidos de acuerdo a una serie de fórmulas, que hoy están vinculadas fundamentalmente a los porcentajes de población, existe incluso una correlación casi perfecta respecto a este porcentaje y el coeficiente del fondo general de participaciones.

Este año se tuvieron que utilizar recursos del FEIEF, el fondo de estabilización de los ingresos petroleros, para compensar la diferencia entre las participaciones programadas y las efectivamente pagadas, por el comportamiento de la recaudación federal participable. El saldo está de acuerdo a lo programado.

Si, es notable la dependencia de las haciendas públicas estatales y municipales de las transferencias federales, incluidas las participaciones, debido al bajo potencial recaudatorio de los impuestos locales y al desinterés de la mayoría para recaudar, prefiriendo esperar a recibir el impacto del esfuerzo fiscal del SAT.

En los últimos años, especialmente desde 2007, la deuda de los estados se incrementó notablemente, ya que en lugar de estimular el esfuerzo recaudatorio, revisar la distribución de potestades, se crearon mecanismos adicionales para hacer más fácil el endeudamiento de los gobiernos locales, se recurrió a las reestructuras que solamente disparan la deuda hacia adelante para que la paguen las generaciones futuras, con una curva de reducción en el servicio de la misma, pero programada para que cada seis años, en los estados más endeudados, se tenga que reestructurar.

En 2006 por ejemplo, la deuda total de estados y municipios, era de 160 mil millones de pesos, a 2012 creció 172 por ciento, para llegar a 435 mil millones, después a 2018 crece 38 por ciento, siendo ya de 601 mil millones y al tercer trimestre de 2019 baja a 580 mil millones, menos 3.6 por ciento. Si la inercia persiste la reducción puede ser un poco mayor. Así se puede concluir   que en 2019 se revierte la tendencia creciente del endeudamiento estatal y municipal observada de 2006 a 2018.

Pero no es un fenómeno que abarque a todos los estados, ya que solo 10 entidades federativas deben tres cuartas partes de la deuda registrada; sólo cinco a septiembre de este año, un poco más de la mitad de la deuda. Las cinco entidades más endeudadas son la CDMX, Nuevo León, Chihuahua, México y Veracruz.

Tradicionalmente la información oficial ha comparado la deuda total respecto a las participaciones, después respecto a los ingresos propios y por tanto a los ingresos totales, restando las participaciones pagadas a los municipios –mínimo el veinte por ciento-.

Algunos comentarios, la CDMX aparece como la de mayor monto, sin embargo, casi duplica con ingresos propios las participaciones, y cuando se compara el mismo respecto a los recursos de libre disposición, está en el lugar 13.

Así el coeficiente de Coahuila es del 16 por ciento, Chihuahua el 15.6, Quintana Roo el 14.5, Baja California 15.5 y como sorpresa Oaxaca el 13.3 por ciento. La Ciudad sólo el 7.5 por ciento, igual que Zacatecas y Nayarit.

La deuda no es mala en sí, por el contrario, pero como está negociada, está hecha para que no se pague y solo se restructure, lo que significa que puede ser como se dijo alguna vez, eterna y a las generaciones futuras les tocará encontrarle salidas.

No obstante, es sano que el año pasado, no haya seguido el crecimiento casi exponencial de 2007 a 2018.

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