Política exterior: renacer o de plano morir

16 de Junio de 2024

Omar Hurtado
Omar Hurtado

Política exterior: renacer o de plano morir

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El próximo 30 de septiembre concluirá la Presidencia de Andrés Manuel López Obrador y el 1 de octubre asumirá ese cargo Claudia Sheinbaum. El periodo presidencial termina con una política exterior incoherente e inconsistente, sin rumbo, como consecuencia de un presidente desinteresado y sin conocimiento en temas globales.

Hoy la pregunta es si la nueva presidenta tendrá el interés y la suficiente destreza para rescatar una política exterior de Estado y desechar la amarga experiencia de la actual, en defensa de los legítimos intereses de México y no en la continuidad de los intereses del presidente saliente y fobias ideológicas.

Terminaron las campañas presidenciales y la política exterior estuvo prácticamente ausente, salvo algunos enunciados relacionados al comercio con Estados Unidos y los espinosos temas de migración y crimen organizado. La reelección de Joe Biden o el retorno de Donald Trump indiscutiblemente serán una variable excepcional en la relación bilateral.

En la agenda quedan temas sensibles, como los desencuentros que tuvo el presidente con la Argentina de Milei; así como Ecuador, Panamá, Perú, España o el Parlamento Europeo, entre otros. Insólitamente, algunos de éstos derivaron en el retiro de embajadores y el rompimiento de relaciones diplomáticas, como el caso ecuatoriano, cuya pronta solución dependerá del interés de la nueva mandataria y su habilidad diplomática.

El carácter ideológico y confuso de una supuesta izquierda del mandatario mexicano, quedó muy reflejado en sus vínculos personales y no de Estado, con mandatarios latinoamericanos afines, muy alejados de una auténtica política exterior y los intereses nacionales.

La continuidad de las relaciones diplomáticas de México con países como Cuba, Nicaragua y Venezuela, aliados de Morena y de las izquierdas latinoamericanas, es probable que prevalezca por la tendencia política de la nueva presidenta y el legado político de su mentor, López Obrador. En pleno proceso electoral mexicano, se contó con una misión de observadores del Grupo de Puebla, aunque al parecer no oficial e invitada por Morena, encabezada por los expresidentes Evo Morales, de Bolivia, y Alberto Fernández, de Argentina, que no pareció imparcial y más bien un descarado apoyo al mandatario mexicano.

No descarto que la nueva presidenta vaya a pronunciarse vehementemente por el respeto a los principios de política exterior como caballo de batalla hacia el exterior, al puro estilo populista y demagógico del presidente López, particularmente de los principios de no intervención y autodeterminación, sin pretensión alguna de abrazar los temas de derechos humanos y democráticos, muy criticados en países autocráticos como Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Para varios analistas, estamos ante la presencia de una política exterior dual y retorcida, donde se pregonan y vociferan los principios constitucionales, pero también injerencista y confrontativa con los gobernantes que al presidente no le agradan. La pregunta es qué tan radical será la nueva presidenta.

Ante la débil presencia internacional de México, surge la pregunta hasta qué punto la presidenta Sheinbaum estará dispuesta a fortalecerla hacia otras regiones del mundo y en los foros regionales y multilaterales, abandonados, y desplegar una diplomacia profesional, no improvisada, y una agenda de interés nacional. Es necesario rescatar la política exterior desde su dimensión local y global.

Pero no adelantemos conclusiones, como en el beisbol, y como siempre digo, esto no se acaba hasta que se acaba. Esperemos a que la nueva presidenta tome posesión.

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