Naturaleza y justicia social

13 de Marzo de 2026

Naturaleza y justicia social

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Miriam Saldaña

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EjeCentral

En los últimos años, el debate ambiental ha evolucionado de manera importante. Durante mucho tiempo, las discusiones públicas se centraron en advertir sobre los riesgos ambientales que enfrentamos como sociedad. Hoy, sin dejar de reconocer la gravedad de los desafíos, el enfoque comienza a cambiar hacia algo igualmente importante: las soluciones. La innovación tecnológica, la investigación científica y la colaboración entre gobiernos, academia y sector privado están demostrando que ya contamos con herramientas concretas para enfrentar algunos de los retos ambientales más urgentes de nuestro tiempo. Uno de los ejemplos más claros de esta transformación es la transición hacia modelos de economía circular, particularmente en lo relacionado con el agua.

El desafío es global. De acuerdo con organismos internacionales, más de 2 mil millones de personas viven en países con estrés hídrico, y se estima que para el año 2050 la demanda mundial de agua podría aumentar hasta en un 30 %. En el caso de la Ciudad de México, el reto es particularmente complejo. La capital del país consume alrededor de 32 mil litros de agua por segundo, provenientes tanto de acuíferos locales como de sistemas externos como el Sistema Cutzamala, que abastece a millones de personas en la zona metropolitana. Sin embargo, especialistas estiman que entre el 35 % y el 40 % del agua potable se pierde en fugas dentro de la red de distribución, lo que refleja la urgencia de modernizar la infraestructura hidráulica. A esto se suma un contexto cada vez más marcado por la variabilidad climática. En los últimos años, el Sistema Cutzamala ha registrado niveles históricamente bajos de almacenamiento, lo que ha encendido alertas sobre la vulnerabilidad hídrica de la región.

Frente a este escenario, seguir administrando el agua bajo un modelo lineal extraer, usar y desechar resulta cada vez menos viable. La economía circular del agua propone justamente lo contrario: tratar, recuperar y reutilizar este recurso para reincorporarlo a los ciclos urbanos. Actualmente existen tecnologías capaces de convertir el agua residual en un recurso aprovechable para riego, procesos industriales e incluso para la recarga de acuíferos. Otra área clave para mejorar la gestión del agua es la detección temprana de fugas en las redes hidráulicas. Hoy existen diversas tecnologías que permiten identificar pérdidas con mayor precisión, como los medidores de flujo electromagnéticos, ultrasónicos o de presión diferencial, que permiten detectar cambios anómalos en el flujo del agua. Asimismo, los sistemas de monitoreo inteligente basados en sensores e Internet de las Cosas (IoT) permiten supervisar las redes en tiempo real y emitir alertas cuando se detectan fugas, facilitando una respuesta rápida de las autoridades.

Algo similar ocurre con el manejo de los residuos. En México se generan más de 120 mil toneladas de residuos sólidos urbanos cada día, mientras que en la Ciudad de México se producen entre 12 mil y 13 mil toneladas diarias de basura, de acuerdo con información de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México (SEDEMA). Durante décadas, la respuesta principal fue simplemente recolectar estos residuos y trasladarlos a sitios de disposición final. Sin embargo, hoy sabemos que hasta el 60 % de los residuos urbanos podrían reciclarse o reutilizarse mediante sistemas adecuados de separación, tratamiento y valorización. La tecnificación de los sistemas de recolección, clasificación y aprovechamiento de materiales abre oportunidades importantes para reducir la contaminación y avanzar hacia modelos de economía circular. Tuve la oportunidad de observar muchos de estos avances durante mi visita a la Expo Residuos, un espacio donde especialistas, ingenieras, ingenieros y empresas dedicadas a la gestión ambiental presentaron soluciones tecnológicas para algunos de los desafíos más importantes que enfrentan nuestras ciudades. Lo que ahí se mostró confirma algo fundamental: las herramientas para tratar el agua, reutilizarla y gestionar mejor los residuos ya existen. El verdadero reto no es la ausencia de soluciones, sino la capacidad de implementarlas de manera amplia y coordinada. Para lograrlo se requiere voluntad política, inversión pública y privada, así como marcos normativos que impulsen la innovación y faciliten la adopción de tecnologías sustentables.

Desde el ámbito legislativo tenemos la responsabilidad de impulsar políticas públicas que aceleren esta transformación. Apostar por la economía circular, fortalecer la gestión integral de residuos y avanzar hacia una administración más eficiente del agua no solo es una necesidad ambiental, sino también una forma de construir ciudades más resilientes, sostenibles y con mayor justicia social para las futuras generaciones.