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Elizabeth Hernández

Liliana, mujer transgénero residente de la Ciudad de México, sueña con el día en que pueda caminar por las calles sin miedo y sin ocultar su identidad, misma que ha tenido que disfrazar por las constantes amenazas que recibe día a día.

Y aunque la venezolana reconoce que ha aprendido a lidiar con esta situación de acoso, también admite que teme ser parte de las estadísticas que colocan a México como el segundo país con más transfeminicidios del mundo. Como ella, miles de personas en su condición luchan por el derecho a una vida libre de violencia en un país en el que el promedio de vida de una mujer transgénero es de 35 años, es decir, 40 menos que el estimado nacional.

El Día Internacional de la Visibilidad Transgénero se instauró el 31 de marzo de 2009, y busca erradicar las agresiones contra este grupo. Datos de colectivas de diversidad sexual demuestran que la comunidad trans sufre una doble discriminación, lo que aumenta su vulnerabilidad y el tipo de agresiones que padecen.

Reportes de la Secretaría de Salud (SSa) muestran que en México viven al menos 112 mil mujeres transgénero o transexuales, lo que resulta una estimación moderada, ya que un porcentaje importante de estos grupos prefiere no exponer su identidad por miedo a represalias personales o sociales. Además, se debe sumar a los hombres trans, quienes son invisibilizados incluso en este tipo de conteos, y a las personas no binarias.

Otro de los impedimentos que tienen estas personas para vivir plenamente es que la mayoría de los estados no reconocen esta transición, por lo que sus derechos de identidad son violentados, e incluso se ven forzadas a abandonar el proceso legal o bien tienen que hacer este trámite en otra entidad, lo que los expone a fraudes y extorsiones de todo tipo.

Ese fue el caso de Rodrigo, quien tuvo que pagar hasta 15 mil pesos por una carta que lo acreditara como residente de la Ciudad de México, un requisito indispensable para poder iniciar su proceso de transición hormonal en una clínica de la capital, algo que había intentado hacer desde hace más de una década en Sonora —su estado natal— sin ningún éxito. 

Pero los nuevos papeles y su aspecto no bastaron para evitar la discriminación, en una revisión de antencedentes, la empresa en la que trabajaba descubrió su condicion de transexual debido a que la universidad en la que estudió no quiso cambiar el nombre de su título profesional; a pesar de presentar todas las pruebas que lo acreditaban como la misma persona, Rodrigo fue despedido dos semanas después con la excusa de presentar documentos falsos. 

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