1er.TIEMPO: Si no era así, nunca. Cuando terminaron de darse los anuncios del ajuste del gabinete la semana pasada en el Salón “Adolfo López Mateos” en Los Pinos, el Presidente Enrique Peña Nieto felicitó a su nuevo Secretario de Desarrollo Social, Luis Enrique Miranda, con un saludo de camaradas. No fue cálido y protocolar como al nuevo responsable de Hacienda, José Antonio Meade, sino que el choque entre manos fue la conclusión de un giro que comenzó a la altura del cuerpo del Presidente, que no sólo mostró la cercanía cómplice, sino el gusto de haber consumado la acción. Peña Nieto le agradeció a Miranda toda una vida juntos, la amistad desde niños en la escuela, y la complicidad política cuando lo fue respaldando para ir encumbrándose en el poder en Toluca, hasta que le pudo pagar con la secretaría más generosa de todas. La relación de Peña Nieto con Miranda no sólo es una de las más sólidas en la vida del Presidente, sino pocas son tan íntimas como las de ellos. Prácticamente todos los fines de semana se juntan a jugar golf y hacer politiquería en Ixtapan de la Sal, y es el único con el cual bebe whiskey –en público, la cerveza y el tequila es lo buscado por Peña Nieto-. Nadie hay como Miranda con quien platique de sus temas personales, los más difíciles, los más complejos. La reciprocidad es amplia. Fue Miranda quien le pidió, por ejemplo, que protegiera a Rodrigo Medina cuando dejó el gobierno en Nuevo León, para que no terminara en la cárcel. Fue quien operó en medios y ante la ley el Caso Paulette, en la parte final del gobierno de Peña Nieto en el Estado de México, cuyo escándalo lo devoraba la Semana Santa de 2010. Miranda intervino para crear distractores en la opinión pública y convertir una pésima investigación judicial en un problema de familia, entregando a la madre de la infortunada niña a los leones de la prensa. Nadie, ni su primo Alfredo del Mazo Maza, de entre sus afectos, habría estado más cerca de suceder a Peña Nieto en Toluca, de no haber existido un candado en el PRI que obligaba al candidato a haber tenido la experiencia de un cargo de elección popular previo. Claro, eran los tiempos cuando Peña Nieto era invencible. Miranda sigue sin tener un cargo de elección popular, por lo que su futuro parece atado totalmente al de su compadre –desde hace apenas tres meses-, quien como regalo del epílogo de una vida pública juntos, le dio la secretaría que ve por los pobres y los marginados. No podía haber sido un mejor magnífico obsequio para el fin de un ciclo.
2º. TIEMPO. La amistad por sobre la eficacia. El Presidente Enrique Peña Nieto volvió a ratificar que es muy buen amigo de sus amigos. Sin importarle nada de lo que la opinión pública pudiera pensar de su nuevo Secretario de Desarrollo Social, Luis Enrique Miranda, ni de los negativos y críticas que traería sobre su espalda, lo nombró con el poder que le da ser el jefe del Ejecutivo. Leal como nadie, Peña Nieto pagó el que Miranda le fuera abriendo el camino, primero con el Gobernador Arturo Montiel para que lo nombrara Secretario de Administración, y luego para ir eliminando a quien le estorbara en la escalera al cielo. Se enfrentó con Manuel Cadena, el Secretario General de Gobierno de Montiel, quien quiso desbarrancar al grupo que arropaba a Peña Nieto, llamado “los Golden Boys”, a los que acusó de ser quienes realizaban espionaje telefónico contra priistas y sus adversarios. Cadena, hombre poderoso, cayó en el ostracismo, recuperado en un puesto menor en el gobierno de mexiquenses por el actual Secretario de Trabajo, Alfonso Navarrete Prida, víctima también de Peña Nieto en la contienda por la gubernatura. Miranda neutralizó en aquellos años a Isidro Pastor, quien era presidente del PRI estatal, y que se había convertido en su principal opositor a la candidatura. Solucionó problemas políticos para Peña Nieto cuando ya despachaba en la Casa de Gobierno de Toluca, mediante la gran persuasión del dinero. Compró a miembros de la oposición y grupos sociales, inhibió a empresarios y distribuyó recursos para que ninguna elección que pudiera afectar el futuro de su amigo se complicara. Era también el responsable de llevar la fiesta en paz con la Jerarquía Eclesiástica, a la que con dinero para viajes, viáticos, camionetas de lujo y cualquier otra necesidad de lo que fuera, le garantizaba a Peña Nieto las llaves de las puertas del Paraíso, y de El Vaticano, que le permitió, como uno de sus puntos más altos, que Angélica Rivera, pudiera volver a casarse con él por la Iglesia. Responsabilizado por su amigo de tejer igualmente todas las relaciones con la clase política, fue Miranda quien mantenía cercano al ex Presidente Carlos Salinas, quien asegura que Peña Nieto es su hechura, aunque en los últimos tiempos ha sido la distancia lo que más caracteriza lo que fue cercanía. Cuando fue nombrado, la prensa lo identificó como su operador político desde el Estado de México, por lo que generaba temor de que la designación tuviera la dedicatoria de que el PRI, como en los viejos tiempos, por las buenas o por las malas, pelearía las elecciones.
3er. TIEMPO. El mandarín de hojalata. Cuando arrancó la administración del Presidente Enrique Peña Nieto, nombró a su amigo Luis Enrique Miranda en un puesto clave, la Subsecretaría de Gobernación, responsable del manejo político del país y la gobernabilidad. Al titular de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong no le gustó la cuña, pero tenía que aceptar la decisión del Presidente. Con el tiempo se harían amigos y fortalecieron ellos dos una posición ante lo que hasta hace unos días era un gobierno controlado por el ex Secretario de Hacienda, Luis Videgaray. La inexperiencia de Miranda en temas nacionales y lo primitivo como había hecho la política desde Toluca, hacían presagiar malas experiencias. No se equivocaban los que así lo veían. A él le habló el 26 de septiembre de 2014 el entonces Gobernador de Guerrero, Ángel Heladio Aguirre, para informarle del conflicto en el que estaban involucrados los normalistas de Ayotzinapa, sin que el Subsecretario alcanzara a medir el alcance del enfrentamiento de esa noche, y fuera la puerta de entrada a la inacción del Gobierno Federal durante más de dos semanas en el crimen en Iguala, que tanto le ha costado al Presidente. También fue el responsable de establecer la alianza con la Coordinadora Magisterial para sacar adelante la Reforma Educativa, tras la captura de la maestra Elba Esther Gordillo, líder del magisterio. Miranda creó un monstruo que terminó devorándolo. Insaciable, le sacó más de 20 mil millones de pesos a cambio de nada, y un grupo de presión en cuatro estados, lo convirtió en un movimiento político en 22 entidades que toman de rehén al Gobierno cada vez que necesitan recursos o quieren ampliar prebendas. Algunas veces se molestó Peña Nieto con él, pero siempre le dio más. Unas semanas antes de moverlo de posición, le entregó el manejo de todos los delegados federales en el país, que es a través de donde se logran control político territorial. Ahora el Presidente le dio más. Debe estar a gusto con su compadre, que nunca resuelve problemas de fondo, pero es un gran pateador de ellos hacia delante. rrivapalacio@ejecentral.com.mx twitter: @rivapa