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Manuel Lino / Los Intangibles.com

A estas alturas de la pandemia, está bastante claro que el SARS-CoV-2 llegó para quedarse entre los seres humanos, tal como se han quedado, hasta cierto punto, los inofensivos catarros y resfriados, pero también como se ha quedado la no tan sutil influenza. 

fin de la pandemia

Lo que no está tan claro es qué sigue en el futuro cercano con respecto al coronavirus, ¿se quedará como una enfermedad leve o va a seguir siendo mortal en algunas ocasiones para ciertas personas? ¿surgirán variantes que logren evadir la inmunidad generada por las vacunas? y, sobre todo, ¿cuándo se acabará la pandemia como tal o, al menos, cuándo llegará a controlarse?

›Las respuestas a estas preguntas no pueden darse de una manera certera ni categórica, pues dependen de la evolución del virus, que no es posible predecir con exactitud; del funcionamiento de las vacunas, sobre las que tampoco se puede conocer bien a bien el futuro, y de fenómenos poblacionales que, por supuesto, tampoco son fácilmente anticipables.

Las mutaciones no son tan terribles, pero…

Tomando en cuenta sólo el tamaño del genoma del SARS-CoV-2, el coronavirus tiene más de un trillón de posibles secuencias distintas del genoma. Si fueran metros, un trillón es aproximadamente el ancho de la Vía Láctea. 

Sin embargo, la enorme mayoría de esos genomas hipotéticos como escribió en The Conversation Ed Feil, Profesor de Evolución Microbiana de la Universidad de Bath, no generarían un virus funcional. 

Por otra parte, muchas de las mutaciones individuales tienen poca o ninguna consecuencia en el comportamiento del virus y, cuando la tienen, suele ser perjudicial para el propio virus. Los cambios genómicos que permiten que el virus innove son muy escasos.

Además, el SARS-CoV-2 tiene un estupendo control de la fidelidad de la reproducción, por lo que su tasa de mutación es cuatro veces más lenta que la del virus de la influenza. Aun así, el acceso a poblaciones prácticamente infinitas que ha tenido el coronavirus le han permitido encontrar circunstancias en las que la mutación es mucho más rápida. 

La ahora llamada variante de preocupación Alfa (B.1.1.7), que se detectó en Reino Unido en septiembre de 2020, tenía, de pronto, 23 mutaciones; número que con la tasa de mutación normal le habría tomado un año entero alcanzar. Muchas de esas mutaciones fueron poco relevantes, pero otras hicieron a Alfa más contagiosa y le permitieron convertirse en la variante dominante en el país y llegar a 174 países. 

La hipótesis más aceptada del origen de Alfa es que surgió en el curso de una infección de Covid-19 a largo plazo en un solo paciente inmunodeprimido que fue tratado con plasma de convaleciente durante muchas semanas. Los anticuerpos del plasma ejercieron una presión de selección que tuvo como resultado la variante.

La evolución es un proceso que no tiene dirección, se generan mutaciones al azar y el entorno “selecciona”, permitiendo la reproducción de algunas de ellas. Sin embargo, como se ha visto con las variantes del coronavirus, esta selección sin voluntad ha elegido, repetidamente y en distintas partes del mundo, las mismas mutaciones para hacer al virus más transmisible o para evadir la inmunidad previa. Esto se conoce como “convergencia evolutiva”. 

Feil se pregunta si “podemos consolarnos” con el hecho de que el número total de las mutaciones que hacen al coronavirus más peligroso parece ser limitado, y se contesta: “Quizás. Pero las propiedades del virus probablemente no estén determinadas por mutaciones únicas aisladas, sino por cómo interactúan varias mutaciones. Esta perspectiva combinatoria abre repentinamente nuevas zonas de espacio mutacional potencialmente fructífero para el virus”.

… Todavía podrían serlo

El fármaco remdesivir es el único antiviral de molécula pequeña que se ha aprobado para el tratamiento de pacientes con Covid-19 y, hasta la fecha, no se ha informado que exista alguna variante del SARS-CoV-2 con resistencia a este medicamento.

Sin embargo, un estudio publicado el 17 de septiembre en la revista PLoS Pathogens generó presiones de selección para cultivos in vitro y encontró que el coronavirus puede generar resistencia parcial al remdesivir, y que para ello le basta una única mutación. 

Esta resistencia al remdesivir fue “encontrada” en convergencia por dos de las poblaciones virales que se utilizaron; pero tras analizar más de 800 mil secuencias del SARS-CoV-2 que circulan a nivel mundial los investigadores, aunque encontraron la mutación, no vieron que tuviera una transmisión generalizada. 

Por otra parte, un experimento cuyo reporte fue publicado el 20 de septiembre en la revista Nature, generó partículas virales sintéticas o viriones en cuyas proteínas espiga (S) pusieron las 20 mutaciones que se ha identificado que confieren resistencia a la inmunidad previa. El SARS-CoV-2 resultante fue capaz de evadir casi por completo a los anticuerpos generados por la vacuna de ARN mensajero de Pfizer/BioNTech, que ha mostrado ser una de las más efectivas. 

Esta mala noticia se dio a conocer junto con una buena: esos viriones sí resultaron susceptibles a los anticuerpos neutralizantes que generan las personas que primero generaron inmunidad natural por haber sido infectados de Covid-19 y que luego recibieron dos dosis de la vacuna. 

Por otra parte, la inmunidad de anticuerpos no es todo, igual o más relevante es la inmunidad de células T, la cual detecta y elimina a las células que han sido infectadas por el SARS-CoV-2; que reconoce sitios (el nombre técnicos es epítopos) distintos a los que reconocen los anticuerpos, y hasta ahora no se han detectado mutaciones del coronavirus que le confieran capacidad de evadir este tipo de inmunidad.

 A la pregunta de si esas mutaciones podrían surgir eventualmente, la respuesta es: sí, sobre todo ahora que, como se ha visto en lugares con altas tasas de vacunación, la variante Delta, que tiene bastante capacidad de evadir anticuerpos, sigue infectando a personas aunque estén vacunadas. 

Lo que no sabías: La memoria inmunológica no es pasiva sino activa, ya que los genes sirven de base para la generación de anticuerpos mutan aleatoriamente y generan combinaciones nuevas. 

Qué tan buena es la memoria por vacunación

Diversas medidas por todo el mundo, incluidas algunas hechas en México, han detectado que los niveles de anticuerpos generados por la vacunación contra Covid-19 decaen con el tiempo. No sólo eso, en Israel también se ha detectado que en la vida real la inmunidad por vacunación empieza a disminuir al cabo de unos seis meses y se producen cada vez más infecciones; aunque éstas en general son leves.

Esto es natural. “Las cosas decaen”, le dijo hace unos días Nicole Doria-Rose, inmunóloga del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos a la revista Nature. Pero también agregó que no todas las cosas decaen por igual.

Así que la disminución de los anticuerpos “neutralizantes” circulantes que pueden interceptar al virus antes de que infecte las células era esperable. “Así es como funcionan las vacunas”, dijo Doria-Rose.

Pero las vacunas también funcionan generando una memoria, las llamadas respuestas inmunitarias celulares, que son mucho más duraderas. 

Una de esas respuestas son las ya mencionadas células T; las otras son las células B de memoria, que pueden desplegar rápidamente anticuerpos cuando el virus vuelve a presentarse.

Un grupo de investigación de la Universidad de Washington en St. Louis, Missouri, tomó muestras de los ganglios linfáticos de individuos vacunados contra Covid-19 y no sólo ubicó las zonas de maduración de las células B, llamadas centros germinales; el grupo encabezado por Ali Ellebedy también detectó que esas células inmunes son más potentes a medida que pasa el tiempo.

›Las células B no constituyen una memoria pasiva sino activa, ya que los genes sirven de base para la generación de anticuerpos mutan aleatoriamente y generan combinaciones de estas completamente nuevas. Aquellas células que producen los mejores repertorios de anticuerpos eventualmente se imponen y aumentan la capacidad del sistema inmunológico para luchar, en este caso, contra la variante de preocupación Delta del SARS-CoV-2.

Ellebedy y sus colegas han estado siguiendo los centros germinales por seis meses. “El campo de entrenamiento aún continúa”, dice Ellebedy. “Es asombroso”. Aunque, por supuesto, no hay garantía de que este mecanismo funcione en todos los casos. Más bien sucede lo contrario, como se ha visto en el ejemplo de Israel. 

Epílogo para evitar sorpresas

Hasta ahora, a diferencia de lo que ha sucedido con los antibióticos, ninguna vacuna ha sido completamente socavada por la generación de alguna forma resistencia, le dijo a Nature Andrew Read, experto en evolución de enfermedades infecciosas de la Universidad Estatal de Pensilvania. 

Sin embargo, añade, eso no quiere decir que no sucederá con las vacunas contra Covid-19. “Estamos en un territorio nuevo”. La variante Delta tomó al mundo por sorpresa. La evolución, y nuestras respuestas inmunológicas, podrían tener más sorpresas reservadas.

Un equipo de investigación, encabezado por Feng Zhang, hizo un estudio de la evolución del virus que se publicó en los Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y considera que la diversificación adaptativa del SARS-CoV-2 podría prolongar sustancialmente la pandemia, y que es probable que se requieran vacunas específicas para distintas variantes. 

La única forma de prevenir esas sorpresas es cortar la transmisión del SARS-CoV-2, cosa que han logrado en algunos países del mundo, sea con estrictas medidas sociales, como en Nueva Zelanda o China, o con una combinación de medidas sociales y vacunas, como en Noruega y Dinamarca.

Sin embargo, hay una multitud de países en África y en algunas zonas de América Latina en donde las tasas de infección aún son demasiado altas como para que puedan mantener a raya las sorpresas. 

La pandemia como tal podría terminar a nivel global, pero es muy posible que después queden diversas epidemias locales. 

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