Alejandro Alemán

Con un inicio que emula a cintas como The Big Short (que a su vez es una mala copia del estilo visual presentado en The Wolf of Wall Street) una irreconocible Charlize Theron (interpretando a la presentadora de televisión, Megan Kelly) explica cómo funciona el tinglado de la cadena de noticias más poderosa de Estados Unidos: Fox News.

Siempre espiando a sus empleados mediante las cámaras de circuito cerrado, el primer gran escalón de poder lo detenta Roger Ailes (John Lithgow sepultado en maquillaje), hombre que prácticamente inventó los canales noticiosos y que, desde la administración Nixon hasta la actual, ha sido la cara del verdadero poder en Fox: los Murdoch, propietarios de la cadena. 

Ailes promueve una cultura de acoso sistemático a las mujeres: desde las exigencia de llevar faldas cortas a cuadro, hasta la petición explícita de favores sexuales. O al menos así lo recuerda Gretchen Carlson (Nicole Kidman), otrora conductora en Fox News quien, ya desde el retiro, prepara la ofensiva legal contra Ailes.

Todo esto en verdad sucedió, pero el guionista Charles Randolph (el mismo de The Big Short, por el cual recibió un Oscar) no puede evitar mezclar realidad y simulación: Margot Robbie interpreta a un personaje ficticio que vivirá en carne propia el momento más tenso y horriblemente explícito de la cinta, aquel donde vemos al viejo Ailes pidiendo a la chica que se suba más y más la falda.

La simulación parece un despropósito en el intento de narrar una historia real y tan importante como ésta. La película sobresimplifica los hechos para que todo quede en dos bandos, buenos y malos, héroes y villanos, siempre con el cuidado necesario para que los Murdoch salgan limpios de todo juicio. 

Y es una lástima porque el trío de protagonistas (Theron, Kidman, Robbie) entregan actuaciones inmersivas, demandantes, incluso dolorosas. El rango de Margot Robbie se pone a prueba en la ya mencionada escena (merecida esa nominación al Oscar), pero Charlize Theron se roba la película con su auténtica transformación en Megan Kelly.

El mensaje final de la cinta es entregado sin mayores aspavientos (“acosar está mal”), pero la ligereza de tono y lo facilón de las conclusiones resulta molesto para lo complicado del caso que se expone.

El cine no ha sabido abordar con la misma lucidez que la televisión los temas del post #MeToo. Series como The Morning Show (de Apple) muestran que el problema del acoso laboral no se reduce a buenos y malos, se trata de derribar todo un sistema que considera a las mujeres un objeto manipulable y controlable a voluntad. 

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