Alejandro Alemán

La sensación inevitable que provocaba Contagion, el filme 22 del prolífico Steven Soderbergh, era de paranoia total. Estrenada en México en octubre de 2011, Contagion no es la clásica cinta hollywoodense con héroes y villanos, todo lo contrario: es una acezante cinta procedural en la que se muestra a un puñado de instituciones combatiendo el contagio de un virus letal.

Empezamos con Beth Emhoff (Gwyneth Paltrow), una importante ejecutiva que regresa de Hong Kong. Se le ve mal en la sala de espera del aeropuerto: estornuda, tose, sus ojos lloran. Paga la cuenta usando su tarjeta, misma que la mesera toma con la mano para luego teclear en una touch screen. En pocas horas, Emhoff estará muerta y todos a los que ha contagiado, con el simple tacto, también lo estarán. 

La efectiva cámara operada por el propio Soderbergh, siempre con el ritmo machacón e inquietante de la música de Cliff Martinez al fondo, nos muestra el avance del virus en todo el mundo: más contagios, más muertes, más incertidumbre. Es entonces que los científicos entran en acción. 

Instituciones como la OMS, la CDC y demás organismos comienzan a funcionar. No es fácil, hay que rastrear a los posibles contagiados, entrevistarlos, tomar muestras, hacer una vacuna, lo cual no es sencillo ni rápido. Mientras tanto, el virus sigue cobrando víctimas. 

Con un reparto multiestelar (Kate Winslet, Matt Damon, Laurence Fishburne), Soderbergh arma una abrumadora e inquietante cinta sobre cómo respondería el Estado y sus instituciones ante una pandemia letal. Algunos tratan de sacar raja política (aquel bloguero interpretado por Jude Law), otros intentan ocultar datos (aquel militar interpretado por Bryan Cranston), pero siempre hay científicos que privilegian la calma, el análisis y la lucha por encontrar una cura.

La exactitud del guion de Scott Z. Burns es tal, que mucho de lo que se escucha en la película lo escuchamos de nueva cuenta en la crisis del coronavirus: hay que lavarse las manos, no hay que tocarse la cara, hay que distanciarse socialmente. Mientras, Soderbergh se regocija con encuadres a toda aquella superficie —perillas, botones, pantallas— sospechosa de estar contaminada.

Este filme sigue siendo tan efectivo hoy como lo fue hace casi diez años. Por supuesto, la angustia se eleva porque, al finalizar la película, el problema sigue aquí. Uno quisiera que nuestras autoridades sanitarias fueran igual de efectivas como las de la película, pero ante la triste realidad, sólo nos queda emular la ética, la calma, y el sentido común de esos funcionarios de celuloide.

Contagion está disponible en HBO-Go. 

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